El ciclo de Born-Haber aplica la ley de Hess a la formación de un compuesto iónico: como la entalpía es una función de estado, se puede llegar del sodio y el cloro elementales al cristal de
por el camino directo o descomponiendo el proceso en etapas, y el balance energético tiene que ser el mismo.
El camino directo es la formación del compuesto:
Y el camino largo pasa por los iones gaseosos, en cinco etapas:
| Etapa | Proceso | Energía |
|---|
| 1. Sublimación | | , positiva |
| 2. Ionización | | , positiva |
| 3. Disociación | | , positiva |
| 4. Afinidad electrónica | | , negativa |
| 5. Formación de la red | | , negativa |
Sumando las cinco etapas se recupera la reacción global, de modo que:
En el diagrama, los elementos en su estado estándar ocupan el nivel de referencia; se sube por las tres primeras etapas hasta los átomos gaseosos y el catión, se baja un poco al formarse el anión, y se baja mucho —la etapa más energética con diferencia— al ensamblarse la red. El interés práctico del ciclo es justamente ese: la energía reticular
no se puede medir directamente, y esta es la manera de obtenerla a partir de magnitudes que sí se miden.
Sobre la
, la expresión de Born-Landé muestra de qué depende:
Con la
:
crece al aumentar la carga de los iones, y lo hace de forma proporcional al producto de ambas. Por eso la energía reticular del
, con iones de carga doble, es unas cuatro veces la del
.
Con el
:
disminuye al aumentar el tamaño de los iones, porque los centros de carga quedan más lejos. De ahí que, bajando por el grupo de los halógenos, la energía reticular de los haluros de sodio vaya siendo cada vez menor:
.
Primero se identifican los elementos contando los electrones de cada configuración.
tiene
electrones: es el
, con 5 electrones de valencia (
).
tiene
electrones: es el
, con 7 electrones de valencia (
).
Ahora basta con la regla del octeto. Al nitrógeno le faltan tres electrones para completar el octeto, así que forma
enlaces covalentes; al cloro le falta uno, así que forma uno solo.
La molécula que se forma favorablemente es, por tanto, la
, es decir, el tricloruro de nitrógeno,
.
La
exigiría que el nitrógeno formase cuatro enlaces y quedase rodeado de diez electrones, lo que es imposible: al ser un elemento del segundo periodo no dispone de orbitales
y no puede expandir su octeto. Es lo que sí puede hacer, en cambio, el fósforo, que está justo debajo en el grupo y forma
.
En la estructura de Lewis del
, el nitrógeno emplea tres de sus cinco electrones de valencia en los enlaces y
; cada cloro conserva tres pares libres.
Hay cuatro zonas de densidad electrónica alrededor del nitrógeno, así que se disponen en tetraedro y la hibridación es
. Pero solo tres vértices están ocupados por átomos, de modo que la geometría
es una
, con ángulos algo menores de 109,5° porque el par libre ocupa más espacio y comprime los enlaces.
Sobre la polaridad, hay que separar los dos niveles.
Los
N–Cl son prácticamente apolares: las electronegatividades del nitrógeno y del cloro son casi idénticas (3,0 y 3,2), de modo que el par compartido apenas se desplaza.
La
, en cambio, sí es polar, aunque débilmente. La razón no está en los enlaces sino en el
del nitrógeno, que es una zona de densidad electrónica localizada y sin nada que la compense al otro lado. Como la geometría es piramidal y no simétrica, ese par genera un momento dipolar neto que apunta desde la base hacia el vértice del nitrógeno.