Lengua Castellana y Literatura II · Poesía desde 1939 · Castilla-La Mancha · 2023

Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2023

4. DESARROLLO DE UNO‾ DE LOS CUATRO EPIˊGRAFES PROPUESTOS (2 puntos)
D. La poesía durante de la Guerra Civil (Miguel Hernández). La poesía en los años 40: poesía arraigada (Luis Rosales) y desarraigada (Dámaso Alonso).

Solución

D. Se pide la poesía de la Guerra Civil, con Miguel Hernández, y la de los años cuarenta: la poesía arraigada (Luis Rosales) y la desarraigada (Dámaso Alonso).

Respuesta: Durante la Guerra Civil (1936-1939) la poesía se pone al servicio de la causa de cada bando. Abundan los romances y los poemas de combate, de tono épico o elegíaco, publicados en revistas y hojas volanderas. En el bando republicano escriben Rafael Alberti, Antonio Machado, Emilio Prados o León Felipe, y poetas extranjeros como Pablo Neruda (Espan˜a en el corazoˊn) o César Vallejo; en el sublevado, Manuel Machado, José María Pemán o Dionisio Ridruejo.

La figura más destacada es Miguel Hernández (1910-1942). Tras unos inicios gongorinos (Perito en lunas, 1933) y la intensa poesía amorosa de El rayo que no cesa (1936), escrita sobre todo en sonetos y marcada por la pena y el deseo, la guerra lo convierte en poeta del pueblo: Viento del pueblo (1937) es una poesía de combate que anima a los soldados y exalta a los campesinos, y El hombre acecha (1939) refleja ya el desengaño ante el odio y la muerte. En la cárcel, donde murió en 1942, escribió el Cancionero y romancero de ausencias, poemas breves de forma popular sobre el amor a su mujer y a su hijo, la ausencia y la muerte.

En los años cuarenta, con muchos poetas en el exilio (Cernuda, Guillén, Salinas, Alberti, Juan Ramón), Dámaso Alonso distinguió dos tendencias. La poesía arraigada, cultivada por autores afines al régimen en torno a las revistas Escorial (1940) y Garcilaso (1943), expresa una visión ordenada y serena del mundo, sostenida por la fe religiosa, el amor, la familia y la patria, con formas clásicas, sobre todo el soneto, y Garcilaso como modelo. La representan Luis Rosales, cuya La casa encendida (1949) evoca en versículos la familia y la memoria, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco y José García Nieto.

La poesía desarraigada expresa, en cambio, la angustia existencial ante un mundo caótico, injusto y cruel, con un Dios ausente o al que se interroga, en un lenguaje bronco y en verso libre. La inaugura Hijos de la ira (1944), de Dámaso Alonso, que presenta Madrid como una ciudad de un millón de cadáveres; el mismo año aparece Sombra del paraıˊso, de Vicente Aleixandre, y la revista leonesa Espadan˜a (Victoriano Crémer, Eugenio de Nora) difunde esta poesía. En esta línea se inician Blas de Otero (Aˊngel fieramente humano, 1950) y José Hierro, que conducirán a la poesía social de los cincuenta. Al margen quedan el postismo y el grupo cordobés de la revista Caˊntico.

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