Una vacuna es una preparación que contiene antígenos de un patógeno y que se administra para provocar una respuesta inmunitaria sin llegar a causar la enfermedad. Esos antígenos pueden ser el microorganismo muerto o atenuado, fracciones suyas, toxinas inactivadas o, como en las vacunas más recientes, el ARN mensajero que codifica una de sus proteínas.
Al entrar en el organismo desencadena una respuesta inmunitaria primaria: los antígenos son procesados y presentados a los linfocitos, que se activan, se multiplican y producen anticuerpos específicos. Lo decisivo es que parte de esos linfocitos B y T se transforma en células de memoria, que permanecen en el organismo durante años.
Si más adelante llega el patógeno de verdad, esas células desencadenan una respuesta secundaria mucho más rápida e intensa, que impide la enfermedad o la atenúa, que es justamente lo que describe el enunciado para la gripe.
La inmunidad que se adquiere es artificial activa: artificial porque se provoca deliberadamente, y activa porque es el propio organismo el que fabrica los anticuerpos y genera memoria.
Los sueros, o sueroterapia, son preparados que contienen anticuerpos específicos ya fabricados frente a un antígeno concreto. No enseñan al organismo a defenderse: le prestan directamente las armas.
Se obtienen inoculando el antígeno de forma repetida a un animal, normalmente un caballo, o a una persona, y separando después la fracción del plasma sanguíneo que contiene los anticuerpos. Hoy se producen también por biotecnología, en forma de anticuerpos monoclonales obtenidos a partir de hibridomas.
La inmunidad que confieren es artificial pasiva. Su efecto es inmediato, lo que los hace útiles en urgencias, como en las mordeduras de serpiente, el tétanos o la rabia, pero es de corta duración: los anticuerpos recibidos se degradan en semanas y no queda memoria inmunológica, porque el organismo no ha participado en su producción.
En la versión en euskera del examen, la última pregunta de este apartado es cómo se usan los sueros («Nola erabiltzen dira?»): se inyectan, por vía intramuscular o intravenosa, a una persona que ya ha estado expuesta al antígeno o que ya está enferma, cuando necesita protección inmediata. Son, por tanto, un tratamiento o una prevención de urgencia, no una medida a largo plazo como la vacuna.
Un antígeno es toda sustancia capaz de ser reconocida como extraña por el sistema inmunitario y de desencadenar una respuesta inmunitaria específica. El reconocimiento no afecta a toda la molécula, sino a pequeñas zonas de su superficie llamadas determinantes antigénicos o epítopos.
Un anticuerpo, o inmunoglobulina, es la molécula que producen los linfocitos B transformados en células plasmáticas y que se une de forma específica al antígeno que provocó su formación. Está formado por cuatro cadenas polipeptídicas, dos pesadas y dos ligeras, unidas por puentes disulfuro, con forma de Y: los extremos variables de los brazos son los que reconocen el antígeno.
| Antígeno | Anticuerpo Naturaleza química | Variable: proteínas, polisacáridos, lípidos, ácidos nucleicos o moléculas mixtas | Siempre proteica: una glucoproteína Origen | Externo al organismo en la mayoría de los casos | Producido por las células plasmáticas del propio organismo |
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La diferencia esencial es, por tanto, que el anticuerpo tiene siempre naturaleza proteica y una estructura común, mientras que el antígeno puede ser químicamente cualquier cosa: lo único que se le exige es que el sistema inmunitario lo reconozca como ajeno.