Lengua Castellana y Literatura II · Poesía desde 1939 · La Rioja · 2026
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026
8. Elija UNO de los dos poemas siguientes, léalo atentamente y responda a TRES de las seis cuestiones formuladas (1,5 p. en total, 0,5 p. para cada respuesta):
B) “Cuéntamelo otra vez” (, 1999), Amalia Bautista
(Por derechos de autor, el poema no se reproduce en Hodeia: “Cuéntamelo otra vez” (, 1999), Amalia Bautista. Está en la página 3 del PDF oficial del examen.)
PREGUNTAS B)
B1. ¿Puede identificar y explicar el tema principal del poema y su enfoque?
B2. ¿A qué género literario tradicional alude y qué cosmovisión de aquel es la que se pide o cuestiona?
B3. ¿Por qué cree que el sujeto hablante insiste a alguien -quién puede ser- que se lo cuenten “mil veces”?
B4. Describa el tono general del poema (¿irónico, melancólico, resignado, esperanzado, resentido, alegre, engañoso…?) basándose en las alusiones y la petición contenidas en el poema.
B5. Determine el tipo de verso (metro) predominante en el poema y, si es isosilábico, cómo se consigue y qué relación tiene con su tono y contenido.
B6. Además de la versificación y el tipo de lenguaje, ¿qué figura retórica vertebra el ritmo del poema desde el título y qué efecto emocional suscita?
Solución
Se resuelven las seis preguntas (el alumno elige tres). Los versos se cuentan en la página 3 del PDF, del 1 al 10.
Se pide el tema y su enfoque. La voz pide que le cuenten otra vez la historia de una pareja feliz, fiel y enamorada hasta la muerte (versos 3-8), y la llama la más bella que conoce (verso 10).
El tema es el anhelo de un amor feliz, fiel y duradero, que solo parece existir en los cuentos. El enfoque es indirecto e irónico: la voz no habla de su propia vida, sino que pide que le repitan una historia ideal, como un niño que pide su cuento favorito; esa insistencia deja entrever, sin decirlo, que la realidad es distinta, que en ella hay infidelidad, engaño y desgaste.
Se pide el género tradicional al que alude y qué visión del mundo pide o cuestiona. La palabra (verso 4) y la fórmula de la pareja feliz hasta la muerte remiten al cuento tradicional, el de hadas, con su final feliz.
Alude al cuento tradicional, el cuento de hadas que termina con la pareja feliz para siempre. Se pide su cosmovisión idealizada, la del amor eterno, fiel y sin conflictos, que vence al tiempo; pero, al mismo tiempo, se cuestiona, porque la voz sabe que es solo un cuento: lo pide como consuelo, no porque lo crea posible.
Se pide por qué insiste en que se lo cuenten «mil veces» y a quién se dirige. La voz se dirige a un tú (imperativos de los versos 1, 3 y 9) que no se identifica.
Insiste porque necesita esa historia como consuelo: repetirla mantiene viva una ilusión que la realidad desmiente, igual que un niño pide una y otra vez el mismo cuento para dormir tranquilo. El destinatario puede ser la pareja de la voz poética, alguien que la cuida como a una niña o incluso ella misma; en todos los casos, pedir que se lo cuenten mil veces revela fragilidad y miedo a que la historia deje de ser verdad.
Se pide el tono general, a partir de las alusiones y de la petición. Las alusiones a lo que no ocurrió (infidelidad, engaño: versos 5-6) y a las dificultades (verso 7) revelan una conciencia desengañada; la petición (versos 1 y 9), un deseo de creer.
El tono es melancólico e irónico a la vez. La voz pide con ternura que le cuenten la historia, pero las negaciones que incluye (que ella no fue infiel, que él no la engañó) y la mención del tiempo y los problemas muestran que conoce bien lo que suele ocurrir en el amor real. Hay, por tanto, un desengaño resignado bajo la apariencia infantil y esperanzada de la petición, y la ironía nace de ese contraste.
Se pide el metro predominante y, si es isosilábico, cómo se consigue.
Medida: los diez versos son endecasílabos, gracias a las sinalefas: verso 1 (), verso 5 (, ), verso 6 (, ), verso 7 (, ), verso 10 (); el 9 termina en aguda (, diez sílabas más una). No hay rima: son versos blancos.
Es un poema isosilábico de diez endecasílabos blancos, sin rima. La medida regular se consigue con las sinalefas (lo otra, verso 1; que ella y que a él, verso 5; tiempo y, verso 7; la historia, verso 10) y con la terminación aguda del verso 9. El endecasílabo sin rima, con un ritmo pausado y cercano a la conversación, encaja con el tono íntimo y sereno de la petición y da a una historia sencilla la dignidad del verso clásico.
Se pide la figura que vertebra el ritmo desde el título y su efecto. El título se repite en el verso 1 y casi igual en el 9; la petición vuelve con (verso 3) y (verso 6); en los versos 3-5 se encadenan las completivas con .
La figura es la repetición, en forma de anáfora y paralelismo: el imperativo del título vuelve en el verso 1 y en el 9, la petición se reitera con otros verbos (Repíteme otra vez, verso 3; no te olvides, verso 6) y las proposiciones con que se encadenan en los versos 3-5. La repetición imita la insistencia de un niño que pide su cuento, y suscita ternura y melancolía: cuanto más se repite la petición, más se nota la necesidad de creer en una historia que la voz sabe imposible.
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