Lengua Castellana y Literatura II · Generación del 27 · Galicia · 2022

Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2022

PREGUNTA 6. (2 PUNTOS)
Desarrolle el tema “Componentes simbólicos y míticos del Romancero gitano”. Apóyese, para ello, en el fragmento, que deberá localizar en la estructura de la obra:

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Solución

PREGUNTA 6 Se pide desarrollar los componentes simbólicos y míticos del Romancero gitano, apoyándose en el fragmento, y localizarlo. Los versos son de dominio público y están en el enunciado (versos contados del 1 al 16).
Localización: son los dieciséis versos finales del «Romance de la luna, luna», el primero del libro, que funciona como romance-prólogo; abre el bloque de los romances de asuntos gitanos contemporáneos y la serie más lírica, con los mitos de la luna y del viento.
Símbolos que hay que buscar: el jinete y el tambor (versos 1-2), la fragua y el niño (versos 3-4 y 13), los gitanos de bronce y sueño (versos 5-8), la zumaya (versos 9-10), la luna (versos 11-12) y el aire que vela (versos 15-16).
Métrica: romance, octosílabos con rima asonante á-o en los pares (llano, cerrados, gitanos, entornados, árbol, mano, gitanos, velando).

Respuesta: El Romancero gitano (1928), de Federico García Lorca, reúne dieciocho romances que hacen de los gitanos andaluces los protagonistas de un mundo mítico, libre y apasionado, condenado a un destino trágico; une la tradición del romancero con las metáforas audaces de la vanguardia. Los versos cierran el «Romance de la luna, luna», el primero del libro, un romance-prólogo que anuncia su clima de muerte; abre la serie más lírica, la de la creación de los mitos de la luna y del viento.

El componente mítico principal es la luna convertida en un ser vivo: una mujer seductora que baila ante el niño de la fragua y se lo lleva, ya muerto, al cielo, «con un niño de la mano» (versos 11-12). Lorca crea así un mito para explicar una realidad primordial, la muerte de un niño, y lo sitúa en el mundo gitano, que también aparece mitificado: los gitanos llegan «bronce y sueño» (verso 6), con la piel del color del metal que trabajan y un aire de ensoñación, demasiado tarde para salvarlo.

Los símbolos refuerzan ese sentido trágico. El jinete que se acerca tocando «el tambor del llano» (versos 1-2), con el galope del caballo, anuncia la muerte, como en todo el libro. La fragua es el espacio de la vida gitana, el trabajo del metal, y se convierte en escenario del duelo (versos 13-14). Los ojos cerrados del niño (verso 4) indican que ya ha muerto, frente a los ojos entornados de los gitanos (verso 8). La zumaya, un ave nocturna, canta en el árbol como presagio funesto (versos 9-10). Y el aire, personificado, «la vela, vela» (versos 15-16): monta guardia como en un velatorio; el pronombre femenino no remite al niño, sino, según la lectura, a la luna o a la fragua donde yace, mientras la naturaleza entera participa del drama. La repetición y el paralelismo, propios del romancero, dan a estos versos un ritmo de canción y de lamento.

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