Lengua Castellana y Literatura II · Generación del 27 · Galicia · 2024
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2024
Desarrolle el tema «Rasgos formales en el ». Apóyese, para ello, en el fragmento, que deberá localizar en la estructura de la obra:
Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Solución
Se pide desarrollar los rasgos formales del , apoyándose en el fragmento, y localizarlo. Los versos son de dominio público y están en el enunciado (versos contados del 1 al 12).
Localización: es el comienzo de «Muerte de Antoñito el Camborio», el romance duodécimo, de la serie de protagonistas masculinos, a continuación del de su prendimiento.
Métrica: octosílabos (los versos agudos suman una sílaba: «cerca del Guadalquivir», siete más una); rima asonante aguda en í en los pares (Guadalquivir, varonil, jabalí, delfín, carmesí, sucumbir) y los impares sueltos: romance.
Rasgos que hay que buscar: los tradicionales (comienzo in medias res, repeticiones, romance) y los vanguardistas (metáforas audaces, símbolos y metonimias), con la base realista y sensorial.
El (1928), de Federico García Lorca, reúne dieciocho romances en los que los gitanos andaluces protagonizan un mundo mítico, libre y apasionado, condenado a un destino trágico. Los versos abren «Muerte de Antoñito el Camborio», el duodécimo romance, que forma pareja con el anterior, el de su prendimiento, dentro de la serie dedicada a tipos míticos masculinos: Antonio muere a manos de sus primos.
Su forma une la tradición y la vanguardia. De la tradición, el neopopularismo, toma el metro del romance, octosílabos con rima asonante en los pares, que aquí es aguda en í («Guadalquivir», «varonil», «jabalí»…), y los rasgos del romancero viejo: el comienzo , que sitúa al lector en plena lucha sin explicar sus causas, el fragmentarismo, el diálogo dramático y las repeticiones, como la de «Voces de muerte sonaron / cerca del Guadalquivir», que vuelve, con variación, al final del poema a modo de estribillo, o la anáfora y el políptoton de «Voces antiguas» y «voz de clavel» (versos 3-4).
De la vanguardia proceden las metáforas audaces, que asocian realidades lejanas: los golpes de Antonio son «mordiscos de jabalí» (verso 6) y sus saltos, «jabonados de delfín» (versos 7-8), imágenes de fuerza y agilidad. Abundan también los símbolos y las metonimias: la «voz de clavel varonil» (verso 4) es Antonio, hermoso y viril; las «voces de muerte» anuncian el desenlace; y los «cuatro puñales» (verso 11) designan a sus cuatro atacantes por el arma.
A ello se suman otros rasgos del libro: la base realista y concreta, con una geografía andaluza reconocible («cerca del Guadalquivir»); el sensualismo y el cromatismo, que se dirigen a los sentidos («su corbata carmesí», bañada en sangre); la precisión numérica, que da verosimilitud; y la condensación narrativa, que en dos versos resuelve la lucha: «pero eran cuatro puñales / y tuvo que sucumbir».
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