Lengua Castellana y Literatura II · Novela de 1939 a 1975 · Comunidad de Madrid · 2021
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2021
• responda pregunta de 2 puntos a elegir entre las preguntas A.6 o B.6.
(2 puntos) La novela española de 1939 a 1974. Tendencias, autores y obras principales.
Solución
Se pide desarrollar el tema: las tendencias de la novela española desde el final de la Guerra Civil hasta 1974, con sus autores y obras principales.
La Guerra Civil interrumpe la evolución de la novela: muchos escritores marchan al exilio y la censura condiciona lo que se publica. Fuera de España escriben Ramón J. Sender (, publicada en 1953 como ), Francisco Ayala (, 1958), Max Aub o Rosa Chacel, que mantienen viva la tradición de preguerra.
En los años cuarenta, junto a una novela triunfalista o de evasión, surge una novela existencial que expresa la soledad, la frustración y la miseria moral de la posguerra. (1942), de Camilo José Cela, inaugura el tremendismo, que acumula violencia y crudeza; (1945), de Carmen Laforet, primer premio Nadal, muestra el ambiente opresivo de una familia barcelonesa, y Miguel Delibes publica (1948).
En los años cincuenta se impone el realismo social, que denuncia las desigualdades y la vida gris del país. (1951), de Cela, con su protagonista colectivo y su estructura fragmentaria, abre el camino a la generación del medio siglo. Unos autores practican un realismo objetivista, con un narrador que se limita a registrar lo que ve y oye, como una cámara: (1956), de Rafael Sánchez Ferlosio, o (1958), de Carmen Martín Gaite. Otros, un realismo crítico más combativo, como Juan García Hortelano o Armando López Salinas. Destacan también Ignacio Aldecoa, Ana María Matute, Jesús Fernández Santos y Juan Goytisolo, y Delibes con (1950).
En los sesenta, la novela se renueva con técnicas experimentales, influida por los grandes narradores europeos, norteamericanos e hispanoamericanos. (1962), de Luis Martín-Santos, marca el cambio con el monólogo interior, el perspectivismo, la ironía y un lenguaje culto. Siguen (1966), de Delibes, un largo monólogo; (1966), de Juan Goytisolo; (1966), de Juan Marsé; (1967), de Juan Benet, y (1972), de Gonzalo Torrente Ballester. Estas novelas rompen el orden cronológico, multiplican los puntos de vista, usan la segunda persona y exigen un lector activo. A mediados de los setenta, la narrativa empieza a recuperar el gusto por contar historias, como anunciará en 1975 , de Eduardo Mendoza.
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