Economía · Entorno y responsabilidad social · Galicia · 2021
Ejercicio resuelto de Entorno y responsabilidad social · Economía
PREGUNTA 1. Responda brevemente dos de los cuatro apartados siguientes: (1,25 puntos por apartado)
1.1. ¿El IRPF es un impuesto directo o indirecto? Razone la respuesta. Indique cuál es la base imponible de este impuesto.
1.2. Explique en qué consiste el marketing-mix y señale cuál es su objetivo.
1.3. Distinga entre inversión productiva e inversión financiera. Ilustre la respuesta con un ejemplo.
1.4. ¿Qué se entiende por organización formal de la empresa? ¿En qué se diferencia de la organización informal?
Solución
El examen pide dos de los cuatro apartados; aquí se resuelven los cuatro.
El impuesto sobre la renta de las personas físicas es un impuesto directo. Lo es por dos motivos. Primero, porque grava una manifestación directa de la capacidad económica del contribuyente —la renta que obtiene—, y no un acto de consumo como hace el IVA. Y segundo, porque no puede repercutirse a otra persona: quien obtiene la renta es quien lo paga, de modo que el contribuyente y el sujeto pasivo coinciden. Es además un impuesto personal, porque atiende a las circunstancias familiares y personales de cada uno, y progresivo, porque el tipo medio crece con la renta.
Su base imponible es la renta obtenida por el contribuyente durante el año natural, formada por la suma de los rendimientos del trabajo, los rendimientos del capital mobiliario e inmobiliario, los rendimientos de actividades económicas, las ganancias y pérdidas patrimoniales y las imputaciones de renta previstas en la ley, una vez practicadas las reducciones legales. Se divide en base imponible general y base imponible del ahorro, que tributan a escalas distintas; al restarle el mínimo personal y familiar se obtiene la base liquidable.
El marketing-mix es el conjunto de instrumentos comerciales controlables por la empresa que esta combina para actuar sobre el mercado al que se dirige. Son cuatro, conocidos como las cuatro pes: el producto, que abarca sus características, su calidad, su marca, su envase, su gama y los servicios asociados; el precio, con las políticas de fijación, los descuentos y las condiciones de pago; la distribución, es decir, la elección del canal y de los intermediarios, la logística y los puntos de venta; y la comunicación o promoción, que incluye la publicidad, la promoción de ventas, la venta personal, las relaciones públicas y el merchandising.
Su objetivo es combinar esas cuatro variables de forma coherente para satisfacer las necesidades del público objetivo mejor que la competencia y alcanzar así los objetivos comerciales de la empresa: vender más, ganar cuota de mercado, construir una imagen de marca y fidelizar al cliente. Las cuatro variables han de ser coherentes entre sí: un producto de lujo con un precio bajo, vendido en un bazar y anunciado en folletos de buzón no funcionaría, porque el mensaje que transmite cada instrumento contradice al de los demás.
La inversión productiva, o inversión real, es la adquisición de bienes de producción con los que la empresa desarrolla su actividad: maquinaria, naves, vehículos, equipos informáticos, patentes o existencias. Incrementa la capacidad productiva de la empresa y de la economía en su conjunto, y su rendimiento procede de la venta de los bienes y servicios que se obtienen con ella.
La inversión financiera es la colocación de excedentes de tesorería en activos financieros emitidos por terceros: acciones, obligaciones, letras del Tesoro, depósitos o participaciones en fondos. No crea capacidad productiva nueva; lo que hace es transferir recursos a quien sí va a invertirlos, y su rendimiento llega en forma de intereses, dividendos o plusvalías. Suele buscar rentabilizar la liquidez ociosa, o bien tomar el control de otra sociedad.
Por ejemplo, una conservera que compra una nueva línea de envasado por 400.000 € realiza una inversión productiva; si con la tesorería sobrante adquiere 200.000 € en letras del Tesoro, esa es una inversión financiera.
La organización formal es la estructura de puestos, funciones, niveles jerárquicos y canales de comunicación que la dirección diseña deliberadamente y establece de manera oficial para alcanzar los objetivos de la empresa. Está documentada —el organigrama, los manuales de funciones, los procedimientos—, define quién manda sobre quién y quién hace qué, y sus incumplimientos se corrigen con sanciones previstas de antemano.
La organización informal es la red de relaciones personales, grupos, amistades, liderazgos y canales de comunicación que surgen espontáneamente entre los miembros de la empresa al margen de lo establecido. No la diseña nadie: nace de la afinidad, de la coincidencia en el trabajo o de intereses compartidos, y su autoridad no es jerárquica sino personal, la del líder natural que el grupo reconoce.
Las diferencias, por tanto, están en el origen —deliberado frente a espontáneo—, en la autoridad —del cargo frente a personal— y en la comunicación —oficial frente a rumor—. Las dos conviven, y una dirección hábil se apoya en la informal en vez de combatirla, porque puede facilitar enormemente el funcionamiento de la formal.
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