Las células tumorales sufren alteraciones en su ADN y producen proteínas anómalas que son reconocidas como antígenos que provocan una respuesta en el propio sistema inmunitario generando anticuerpos que pueden reconocer las células tumorales y facilitar su eliminación. Un tipo de tratamiento de inmunoterapia para el cáncer consiste en tratar a los pacientes con anticuerpos obtenidos en el laboratorio mediante amplificación del ADN tumoral codificante para estos marcadores tumorales.
1. Según el texto, indique qué células del organismo producen los anticuerpos que se unen a las células tumorales y cómo se llama la región del anticuerpo que se une al antígeno. [1 punto]
2. Indique a qué tipo de inmunización corresponde la descrita en el texto, tratamiento con anticuerpos, y si ese tratamiento genera memoria inmunológica. Justifique su respuesta. [1 punto]
3. Si el ADN tumoral se amplifica por PCR (reacción en cadena de la polimerasa), indique cómo se llama el elemento que marca el fragmento a amplificar y explique su composición. [0,5 puntos]
Los anticuerpos los producen los
, y en concreto los que, tras reconocer el antígeno y ser estimulados, se han diferenciado en
o plasmocitos. Estas células están especializadas en la secreción masiva de inmunoglobulinas: tienen un retículo endoplasmático rugoso y un aparato de Golgi enormemente desarrollados, y todos los anticuerpos que fabrica una misma célula plasmática son idénticos y específicos de un solo antígeno.
La región que se une al antígeno se llama
o centro de unión al antígeno. Está en el extremo de los dos brazos de la Y, dentro de los fragmentos
, y lo forman las regiones hipervariables de la región variable de una cadena pesada y una cadena ligera. Como cada inmunoglobulina G tiene dos brazos idénticos, dispone de dos parátopos y es bivalente. La zona del antígeno reconocida por el parátopo es el epítopo o determinante antigénico.
Se trata de una inmunización
. Es adquirida porque no se hereda, sino que se consigue a lo largo de la vida; es pasiva porque lo que se administra al paciente son anticuerpos ya fabricados y no el antígeno, de modo que su sistema inmunitario no participa en la respuesta; y es artificial porque esos anticuerpos se han obtenido en el laboratorio y se inoculan deliberadamente, a diferencia de la vía natural —los anticuerpos maternos que pasan por la placenta o por la leche—.
La memoria depende de que los linfocitos B y T del propio paciente reconozcan el antígeno, proliferen y dejen una población de células de memoria de vida larga. Aquí el antígeno tumoral nunca es presentado al sistema inmunitario del enfermo: se le entregan directamente los efectores. Por eso la protección es inmediata, que es su ventaja frente a la vacuna, pero también breve, porque dura solo mientras los anticuerpos inoculados permanecen en circulación, del orden de semanas, y el tratamiento debe repetirse.
El elemento que delimita el fragmento a amplificar es el
o primer. Se emplean dos, uno para cada hebra, y son ellos los que fijan dónde empieza y dónde acaba la región copiada, porque la ADN-polimerasa solo puede alargar una cadena ya iniciada.
Cada cebador es un
sintetizado químicamente, de unos 18 a 25 nucleótidos, cuya secuencia es complementaria del extremo
de la hebra molde correspondiente y que deja libre un grupo
en su carbono
, que es el punto por el que la polimerasa añade los nucleótidos siguientes. Los dos cebadores se orientan enfrentados, de manera que la síntesis de cada uno avanza hacia el otro y solo se multiplica el fragmento comprendido entre ambos.