En la figura se muestra la cantidad de anticuerpos en la sangre después de la administración de dos antígenos (A y B) a diferentes tiempos.

a. Explique por qué la respuesta frente al antígeno A es mayor y más rápida tras la segunda inyección. (0,6)
b. Cuando se inyectan los dos antígenos juntos ¿por qué se observa una respuesta diferente con cada uno? (0,6)
c. ¿Qué tipo celular es el responsable de la producción de anticuerpos? ¿En qué tipo de inmunidad participan? Describa un mecanismo de acción de los anticuerpos. (0,8)
Porque la primera inyección ya generó memoria inmunológica frente a ese antígeno. En el primer contacto se desencadena la respuesta primaria: los pocos linfocitos B capaces de reconocer al antígeno A tienen que ser seleccionados, activados y multiplicados antes de que haya células plasmáticas produciendo anticuerpos, y por eso la respuesta tarda varios días, alcanza un pico bajo y es sobre todo de tipo IgM. Pero en esa expansión no solo se producen células plasmáticas: también quedan muchos linfocitos B de memoria, específicos de A y de vida larga.
Cuando el antígeno A vuelve a aparecer, esos linfocitos de memoria ya están ahí, en gran número y con receptores de mayor afinidad, de modo que se activan de inmediato. La respuesta secundaria es por eso más rápida —el periodo de latencia se reduce mucho—, más intensa —la concentración de anticuerpos es varias veces mayor— y más duradera, y los anticuerpos son mayoritariamente IgG.
Porque la respuesta inmunitaria específica es, precisamente, específica: cada linfocito reconoce un solo antígeno, y la memoria que se genera vale únicamente para él. Aunque los dos antígenos se inyecten a la vez y en el mismo animal, el sistema inmunitario los trata por separado.
Frente al antígeno A esa inyección es ya la segunda, así que se desencadena una respuesta secundaria rápida e intensa, apoyada en los linfocitos de memoria que quedaron de la primera. Frente al antígeno B, en cambio, es el primer contacto: no hay memoria previa, hay que activar y expandir clones desde cero, y lo que se observa es una respuesta primaria, más lenta y de mucha menor amplitud. La diferencia entre las dos curvas es, por tanto, la mejor demostración experimental de que la memoria inmunológica es específica de antígeno.
Los anticuerpos los producen los linfocitos B, o más exactamente las células plasmáticas en que estos se diferencian al activarse.
Participan en la inmunidad adaptativa o adquirida, y dentro de ella en la respuesta humoral, llamada así porque los anticuerpos quedan disueltos en el plasma y en los demás humores del organismo. Frente a ella, la respuesta celular corre a cargo de los linfocitos T.
Como mecanismo de acción puede describirse la neutralización: el anticuerpo se une por sus paratopos a los epítopos de una toxina o de la cubierta de un virus y bloquea justamente la zona con la que estos se acoplarían a la célula diana, de modo que la toxina no puede ejercer su efecto ni el virus infectar. También valen la aglutinación, en la que cada anticuerpo une dos antígenos y forma con ellos grandes agregados que precipitan y son más fáciles de fagocitar; la opsonización, en la que el anticuerpo recubre al patógeno y lo marca para los fagocitos; o la activación del complemento, cuya cascada acaba perforando la membrana del microorganismo y provocando su lisis.