La higiene de manos es una herramienta eficaz para evitar los contagios de ciertas enfermedades.
a) Explica cómo el jabón favorece esta higiene.
b) ¿Qué papel tienen los microorganismos que habitan sobre nuestra piel?
El jabón actúa por su naturaleza química, no por ser un desinfectante que mate a los microorganismos.
Las moléculas de jabón son sales de ácidos grasos y, como los fosfolípidos, son anfipáticas: tienen una cabeza polar e hidrófila y una larga cola apolar e hidrófoba. En contacto con el agua se agrupan formando micelas, con las colas hacia el interior y las cabezas hacia fuera.
Sobre la suciedad grasa, esas colas se introducen en la grasa y la rodean, mientras las cabezas quedan hacia el agua: la grasa queda emulsionada dentro de las micelas y el agua se la lleva al aclarar. Arrastra con ella los microorganismos adheridos.
Y sobre los virus con envoltura, como los coronavirus o el de la gripe, el efecto es aún más directo: la envoltura vírica es una bicapa lipídica, y las colas del jabón se intercalan en ella, la desorganizan y la destruyen, con lo que el virus queda inactivado. Otro tanto ocurre con la membrana de muchas bacterias.
Por eso el lavado debe durar el tiempo suficiente y hacerse con fricción: hace falta que las micelas se formen y que el arrastre mecánico complete el trabajo.
La microbiota cutánea mantiene con nosotros una relación de simbiosis mutualista y desempeña un papel defensivo de primer orden.
Actúa por exclusión competitiva: ocupa el espacio y consume los nutrientes que necesitarían los microorganismos patógenos, de modo que estos no encuentran sitio donde establecerse. Produce además sustancias antimicrobianas —bacteriocinas y ácidos grasos— que los inhiben directamente, y contribuye a mantener el pH ácido de la piel, en torno a
, que resulta hostil para la mayoría de los patógenos.
Colabora también con el sistema inmunitario, al que estimula y educa, favoreciendo la tolerancia frente a lo inofensivo.
De ahí una consecuencia práctica: la higiene excesiva o el uso continuado de antisépticos agresivos elimina también esta microbiota beneficiosa, altera la barrera cutánea y puede facilitar precisamente las infecciones que pretende evitar. Lo aconsejable es un lavado frecuente con jabón, no una desinfección permanente.