Biología · Anticuerpos y antígenos · Navarra · 2024
Ejercicio resuelto de Anticuerpos y antígenos · Biología · 2024
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA) es una enfermedad sin cura que provoca una parálisis muscular progresiva. Un grupo de investigadores ha identificado una proteína (integrina α5) como potencial marcador. Aplicando un anticuerpo que bloquea la integrina α5 en ratón se mantiene la función motora modulando la reacción inflamatoria que acompaña a esta enfermedad.
Explica los conceptos de anticuerpo y de reacción inflamatoria.
Solución
Un anticuerpo o inmunoglobulina es una proteína globular producida por los linfocitos B transformados en células plasmáticas, capaz de reconocer y unirse de forma específica a un antígeno determinado.
Su estructura es la de una Y formada por cuatro cadenas polipeptídicas: dos pesadas y dos ligeras, unidas por puentes disulfuro. En cada cadena se distingue una región variable, cuya secuencia cambia de un anticuerpo a otro y que forma en los extremos de los brazos los dos centros de unión al antígeno, y una región constante, igual dentro de cada clase, que determina la función efectora. Existen cinco clases —IgG, IgM, IgA, IgD e IgE— con distinta localización y papel.
Su función es neutralizar el antígeno, aglutinarlo o precipitarlo y, sobre todo, marcarlo para que sea destruido: la unión antígeno-anticuerpo facilita la fagocitosis por opsonización y activa el sistema del complemento. En el caso del enunciado, el anticuerpo se emplea con una finalidad distinta, terapéutica: unirse a la integrina
y bloquear su función.
La reacción inflamatoria es una respuesta inespecífica de la inmunidad innata que se desencadena localmente ante una lesión o una infección. Los mastocitos y basófilos liberan histamina y otros mediadores que provocan vasodilatación y aumento de la permeabilidad de los capilares de la zona.
Como consecuencia llega más sangre y salen al tejido plasma y leucocitos, lo que produce los cuatro signos clásicos: enrojecimiento, calor, hinchazón y dolor. Su finalidad es aislar el foco, atraer a los fagocitos y facilitar la reparación del tejido.
Ahora bien, cuando la inflamación se cronifica deja de ser útil y pasa a dañar el propio tejido, que es lo que ocurre en la ELA: de ahí que bloquear con un anticuerpo la molécula que sostiene esa reacción inflamatoria permita conservar la función motora en el modelo animal.
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