El titular de un artículo de La Vanguardia publicado en 2018 decía: «Uno de cada cuatro españoles presenta algún tipo de alergia». En el artículo se mencionan algunos de los siguientes términos: [2 puntos]
a) Defina antígeno y anticuerpo. [0,6 puntos]
b) Defina alergia. [0,3 puntos]
c) Defina inmunodeficiencia. [0,5 puntos]
d) Defina autoinmunidad y rechazo. [0,6 puntos]
Antígeno. Es toda sustancia que el sistema inmunitario reconoce como extraña y que es capaz de desencadenar una respuesta inmunitaria específica contra ella. Suelen ser proteínas o polisacáridos de la superficie de bacterias, virus, células extrañas o granos de polen. El sistema inmunitario no reconoce la molécula entera, sino unas regiones concretas llamadas determinantes antigénicos o epítopos.
Anticuerpo. Es una proteína del grupo de las inmunoglobulinas, producida por los linfocitos B —concretamente por las células plasmáticas en que estos se diferencian—, capaz de unirse de forma específica a un antígeno determinado y neutralizarlo. Consta de cuatro cadenas polipeptídicas, dos pesadas y dos ligeras, unidas por puentes disulfuro y dispuestas en forma de Y; los extremos de sus dos brazos constituyen las regiones variables, responsables de la especificidad.
La alergia o hipersensibilidad es una respuesta inmunitaria exagerada y errónea frente a una sustancia que en principio es inocua para el organismo —el polen, los ácaros, el pelo de un animal, ciertos alimentos o medicamentos—, y que recibe el nombre de alérgeno.
El mecanismo habitual es la producción de anticuerpos de tipo IgE, que se fijan a la superficie de mastocitos y basófilos; cuando el alérgeno vuelve a entrar y se une a ellos, estas células liberan histamina y otros mediadores que provocan la inflamación, la vasodilatación y los síntomas característicos. El daño no lo causa el alérgeno, sino la propia reacción defensiva, que puede llegar a ser tan intensa que ponga en peligro la vida, como en el choque anafiláctico.
Es la incapacidad del sistema inmunitario para desarrollar una respuesta adecuada frente a los antígenos extraños, de manera que los agentes patógenos no se eliminan correctamente. El individuo queda expuesto a infecciones frecuentes, graves o causadas por microorganismos que normalmente no serían peligrosos —las llamadas infecciones oportunistas—, y también a una mayor incidencia de tumores.
Puede ser congénita, cuando se debe a un defecto genético presente desde el nacimiento, o adquirida, cuando la provoca un agente externo: el ejemplo más conocido es el sida, causado por el VIH, que destruye los linfocitos T colaboradores; también la producen la desnutrición grave, ciertos tratamientos como la quimioterapia o los inmunosupresores, y algunas enfermedades.
Autoinmunidad. Es la situación en la que el sistema inmunitario pierde la tolerancia a lo propio y desencadena una respuesta contra las células, los tejidos o las moléculas del propio organismo, al dejar de reconocerlos como propios. Cuando esa respuesta produce daño aparecen las enfermedades autoinmunitarias, como la diabetes de tipo I, la artritis reumatoide, el lupus o la esclerosis múltiple.
Rechazo. Es la respuesta inmunitaria que el organismo del receptor desencadena contra un órgano o tejido trasplantado, y que puede acabar destruyéndolo. Se produce porque las células del injerto llevan en su membrana glucoproteínas del complejo principal de histocompatibilidad distintas de las del receptor, de modo que este las identifica como antígenos extraños y las ataca, sobre todo mediante los linfocitos T citotóxicos. Para evitarlo se buscan donantes compatibles y se administran fármacos inmunosupresores.