El código genético es la correspondencia entre la secuencia de bases de los ácidos nucleicos y la secuencia de aminoácidos de las proteínas. Es decir, el diccionario que permite traducir el lenguaje de cuatro letras del ARN mensajero al lenguaje de veinte letras de las proteínas.
Su unidad es el codón o triplete: tres bases consecutivas del ARN mensajero determinan un aminoácido. Se emplean tripletes porque los dobletes solo darían
combinaciones, insuficientes para veinte aminoácidos, mientras que los tripletes dan
.
De esos 64 codones, 61 codifican aminoácidos y 3 —UAA, UAG y UGA— son señales de parada. El codón AUG cumple una doble función: codifica metionina y señala el inicio de la traducción.
Es importante subrayar que el código genético no es una molécula ni una secuencia concreta: es una tabla de equivalencias, la misma para todos los seres vivos.
Es degenerado o redundante. Como hay 61 codones para 20 aminoácidos, la mayoría de estos están codificados por varios tripletes distintos: la leucina por seis, la alanina por cuatro; solo la metionina y el triptófano tienen uno. Los codones sinónimos suelen diferir en la tercera base. Esta redundancia amortigua el efecto de las mutaciones, porque muchas sustituciones resultan silenciosas.
Es universal. Prácticamente todos los seres vivos, desde una bacteria hasta un ser humano, emplean la misma tabla de equivalencias. Esta característica es una prueba de peso a favor del origen común de la vida, y es además el fundamento de la ingeniería genética: gracias a ella una bacteria puede leer un gen humano y fabricar la proteína correspondiente.
Podría añadirse que es específico o unívoco, ya que cada codón codifica un solo aminoácido y nunca resulta ambiguo, y que se lee de forma continua y sin solapamiento, triplete a triplete y sin compartir bases entre codones consecutivos, razón por la cual una inserción o una deleción desplaza el marco de lectura y arruina toda la proteína a partir de ese punto.
El error está en la expresión «el código genético de alguno de los clientes». El periodista emplea código genético como si fuera algo característico y distinto en cada persona, y no lo es.
Como se ha visto en los apartados anteriores, el código genético es la tabla de correspondencias entre codones y aminoácidos, y es la misma en todos los seres humanos, y prácticamente en todos los seres vivos. Precisamente por ser universal no sirve para identificar a nadie: comparar el código genético de dos personas no distinguiría a un sospechoso de otro, ni siquiera a una persona de una bacteria.
Lo que sí es distinto en cada individuo es su secuencia de ADN, y con ella su genoma, su genotipo o —el término que se emplea en criminalística— su perfil genético o huella genética, obtenido analizando regiones muy variables del ADN.
El periodista debería haber escrito que «se pretendía comprobar si el perfil genético de alguno de los clientes coincidía con el del culpable», o bien hablar de la secuencia de ADN o del genoma. La confusión entre código genético y genoma es, de hecho, uno de los errores más frecuentes en la divulgación.