Lengua Castellana y Literatura II · Novela de 1939 a 1975 · Islas Baleares · 2026
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026
6) Elija de los textos y responda las preguntas que se plantean a continuación:
(Por derechos de autor, el fragmento no se reproduce en Hodeia: fragmento literario sin autor en el examen (la pregunta pide identificarlo). Está en la página 4 del PDF oficial del examen.)
a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 punto)
b) Determine y comente los temas que aparecen en este texto. (1 punto)
c) Reconozca y explique qué características formales permiten atribuirlo a la época a la que pertenece. (1 punto)
Solución
Se pide identificar autor y obra y situarlos en la historia de la literatura (página 4 del PDF; las líneas se cuentan en el recuadro, del 1 al 18).
Indicios: una joven narradora llega sola de noche a la estación de Francia de Barcelona (líneas 1-3 y 8), cargada de libros (línea 17) y con ilusión por la ciudad: es el comienzo de , de Carmen Laforet, la llegada de Andrea a Barcelona.
El fragmento es el comienzo de , de Carmen Laforet (1921-2004), novela que ganó el primer premio Nadal (1944) y se publicó en 1945. La narra en primera persona Andrea, una joven huérfana que llega a Barcelona para estudiar Letras y se instala en el piso de su familia materna en la calle Aribau, donde encuentra un ambiente sórdido, de miseria y violencia.
Pertenece a la novela de los años cuarenta, marcada por la censura y el exilio tras la Guerra Civil. Junto a (1942), de Camilo José Cela, que inició el tremendismo, es la obra principal de la novela existencial, que muestra la soledad y la frustración de personajes desorientados en una sociedad gris; en esa línea está también (1948), de Miguel Delibes.
Se piden los temas del fragmento, justificados con referencias al texto.
La ilusión y la libertad: la llegada se vive como una aventura y una libertad nocturna (líneas 4-6).
La soledad: nadie la espera (líneas 2-3) y viaja sola por primera vez (línea 4).
La ciudad idealizada: Barcelona soñada precisamente porque es desconocida (líneas 12-14).
Las incomodidades del viaje: el billete (línea 1), el retraso del tren (línea 10) y la maleta que carga ella misma (líneas 17-18), que pueden leerse como reflejo de la época, aunque el texto no lo dice.
La ilusión frente a la realidad: las luces tristes (línea 11) anuncian el desengaño que contará la novela.
El tema principal es la ilusión con que una joven llega sola a la gran ciudad: Andrea no siente miedo, sino que vive la llegada nocturna como una «aventura agradable y excitante» (líneas 5-6). Esa ilusión se proyecta sobre Barcelona, idealizada porque aún no la conoce (líneas 13-14), y sobre su futuro, simbolizado en la maleta llena de libros (líneas 17-18).
Junto a ella aparecen la soledad y la vulnerabilidad: nadie la espera (líneas 2-3), viaja sola por primera vez (línea 4) y se pierde, anónima, entre la multitud (línea 15). Las incomodidades del viaje (el billete, el retraso del tren, el equipaje) pueden leerse como reflejo de la época.
Por último, el fragmento anticipa el contraste entre ilusión y realidad que recorre la novela: las «luces siempre tristes» de la estación (línea 11) presagian el ambiente sombrío de la calle Aribau.
Se piden los rasgos formales que sitúan el texto en su época, con ejemplos.
Rasgos: narradora protagonista en primera persona y en retrospectiva (llegué, línea 1; empecé, línea 15); descripción impresionista por sensaciones (olfato, oído y vista en la línea 11); adjetivación subjetiva (línea 11; línea 18); metáfora de la gota y la corriente (línea 15); incisos entre rayas (líneas 15 y 17); estilo sencillo y sobrio.
El fragmento lo narra en primera persona su protagonista, que recuerda desde el presente su llegada: alterna el pretérito perfecto simple para las acciones (llegué, empecé) con el imperfecto para la descripción y los estados de ánimo. Esa perspectiva subjetiva e introspectiva, centrada en la conciencia de un personaje joven y solitario, es propia de la novela existencial de los años cuarenta.
La descripción es impresionista: la estación se percibe por los sentidos (el olor, el rumor de la gente, la luz; línea 11) y se tiñe de los sentimientos de la narradora con una adjetivación subjetiva («ansiosa expectación», línea 18). Hay metáforas, como la de la gota en la corriente humana (líneas 15-16), e incisos entre rayas (líneas 15 y 17). El estilo es sencillo y sobrio: un realismo intimista, sin la crudeza del tremendismo, propio de la narrativa de posguerra.
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