Lengua Castellana y Literatura II · Generación del 27 · Islas Baleares · 2025
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2025
6) Elija de los textos y responda las preguntas que se plantean a continuación:
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
a) Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 punto)
b) Determine y comente los temas que aparecen en este texto. (1 punto)
c) Reconozca y explique qué características formales permiten atribuirlo a la época a la que pertenece. (1 punto)
Solución
Se pide identificar autor y obra y situarlos en la historia de la literatura. El romance está en el enunciado (dominio público); los versos se cuentan del 1 al 16.
Indicios: el título, la forma de romance, el mundo gitano (la fragua, los gitanos, el yunque) y la luna como figura de la muerte identifican el «Romance de la luna, luna», de Federico García Lorca, que abre el .
Es el «Romance de la luna, luna», primer poema del (1928), de Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898-Granada, 1936). El libro, de dieciocho romances, fue su mayor éxito en vida: convierte Andalucía y el mundo gitano en un mito poético dominado por la pena, el destino trágico y la muerte. Después llegaron y el (1935); el , escrito en 1921, no se publicó hasta 1931. Murió asesinado al comienzo de la Guerra Civil.
Lorca pertenece a la generación del 27, el grupo que tomó su nombre del homenaje a Góngora de 1927 y que fundió la tradición y la vanguardia. El es el mejor ejemplo de esa síntesis: recupera el romance, la forma más popular de la poesía española, y lo llena de metáforas audaces de raíz gongorina y vanguardista.
Se piden los temas del poema, justificados con referencias.
La muerte: la luna, figura de la muerte, seduce al niño (versos 1-8) y anuncia que lo encontrarán sin vida (versos 14-16).
El destino trágico: el niño advierte a la luna, pero ella ya ha decidido llevárselo (versos 9-16).
La cultura gitana y el folclore andaluz: la fragua, el yunque, los gitanos, los collares y anillos, el baile (versos 1, 10-15).
El sufrimiento y la injusticia: la muerte de un niño inocente.
El tema central es la muerte, personificada en la luna, un símbolo constante en Lorca. La luna llega a la fragua como una mujer seductora (versos 1-2) y se muestra «lúbrica y pura» (verso 7) ante el niño, que la mira fascinado. Esa atracción es mortal: los gitanos lo encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados (versos 14-16), es decir, muerto.
Ligado a él aparece el destino trágico: el niño intenta alejar a la luna advirtiéndole del peligro de los gitanos (versos 9-12), pero ella le pide que la deje bailar (verso 13), una danza de muerte. La muerte de un inocente expresa la injusticia que pesa sobre el mundo gitano.
Por último, el poema recrea la cultura gitana y el folclore andaluz (la fragua, el yunque, los collares y anillos, el baile), que Lorca no pinta de forma costumbrista, sino que eleva a un mundo mítico y misterioso.
Se piden los rasgos formales que sitúan el poema en su época, con ejemplos.
Métrica: versos octosílabos (verso 1: la-lu-na-vi-noa-la-fra-gua, con sinalefa) con rima asonante á-o en los pares (nardos, mirando, brazos, estaño, gitanos, blancos, gitanos, cerrados) y los impares libres: un romance.
Recursos de la tradición: repeticiones y paralelismo (versos 3-4 y 9), diálogo dramático (versos 9-16), carácter narrativo, diminutivo popular (ojillos, verso 16).
Recursos de la vanguardia: metáforas audaces (versos 2, 8 y 12), personificación de la luna (versos 1 y 6-8), antítesis (verso 7), hipálage (verso 5).
El poema es un romance: octosílabos con rima asonante en á-o en los pares (nardos, mirando, brazos, estaño…) y los impares sueltos. Lorca recupera así la forma más popular de la poesía española, con sus rasgos tradicionales: el carácter narrativo y dramático, el diálogo entre el niño y la luna (versos 9-16), las repeticiones (verso 9), el paralelismo de los versos 3-4 y el diminutivo ojillos (verso 16).
Sobre esa base despliega un lenguaje de vanguardia: la luna se personifica como una mujer que mueve los brazos y muestra sus senos (versos 6-8); las metáforas son audaces y plásticas, como el polisón de nardos (verso 2) o los senos de duro estaño (verso 8); y aparecen la antítesis lúbrica y pura (verso 7) y la hipálage del aire conmovido (verso 5). Esa fusión de tradición popular y metáfora vanguardista define a Lorca y al 27 en los años veinte.
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