La primera y fundamental es qué se administra. En la vacunación se inocula el antígeno, para que sea el propio paciente quien fabrique los anticuerpos; en la sueroterapia se inoculan anticuerpos ya fabricados por otro organismo.
La segunda es cuándo y para qué se emplean. La vacunación es preventiva: se administra a personas sanas y con antelación, porque necesita una o dos semanas para ser eficaz, y su protección dura años. La sueroterapia es curativa o de urgencia: actúa desde el momento de la inyección, pero su efecto se agota en pocas semanas y no deja memoria.
La vacunación consiste en administrar antígenos de un patógeno privados de su capacidad de causar enfermedad: el microorganismo atenuado o inactivado, fracciones antigénicas suyas, toxinas modificadas o el ARN mensajero que codifica una de sus proteínas. Con ello se provoca deliberadamente una respuesta primaria completa.
Las células implicadas son las de la respuesta específica del propio paciente: las células presentadoras de antígeno —macrófagos y células dendríticas— captan y procesan el antígeno; los linfocitos T colaboradores se activan y coordinan la respuesta; los linfocitos B específicos proliferan y se diferencian en células plasmáticas y en linfocitos de memoria; e intervienen también los linfocitos T citotóxicos y de memoria. Las moléculas implicadas son el antígeno inoculado, las citoquinas que coordinan el proceso y los anticuerpos que las células plasmáticas producen.
La sueroterapia consiste en inyectar un suero que contiene inmunoglobulinas específicas contra un antígeno concreto, obtenidas de un animal o de una persona previamente inmunizados, o bien anticuerpos monoclonales producidos en el laboratorio.
Aquí las células del paciente no intervienen: sus linfocitos no reconocen el antígeno ni se activan, porque no se le ha administrado ninguno. Las únicas células implicadas son las del donante, que fabricaron los anticuerpos en su momento. La molécula implicada es, por tanto, el anticuerpo ya formado, que neutraliza directamente la toxina o el patógeno.
La vacunación confiere inmunidad activa artificial. Es activa porque es el propio organismo el que reconoce el antígeno y fabrica sus anticuerpos y sus linfocitos de memoria; y es artificial porque el contacto con el antígeno no se ha producido de forma espontánea, sino provocado médicamente. Al haber memoria inmunológica, la protección es duradera: cuando llegue el patógeno real, la respuesta será secundaria, es decir, rápida, intensa y basada en IgG de alta afinidad.
La sueroterapia confiere inmunidad pasiva artificial. Es pasiva porque el paciente recibe anticuerpos ya hechos y su sistema inmunitario permanece inactivo; y es artificial porque la transferencia es médica y no natural, a diferencia de los anticuerpos que la madre pasa por la placenta o por la leche. Al no activarse ningún linfocito, no se generan células de memoria y la protección desaparece conforme esos anticuerpos se degradan.
| Vacunación | Sueroterapia Tipo de inmunidad | Activa artificial | Pasiva artificial Se administra | Antígeno | Anticuerpos Rapidez | Lenta: 1 o 2 semanas | Inmediata Duración | Años | Semanas Memoria | Sí | No Uso | Preventivo | Curativo o de urgencia |
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De ahí que ante una mordedura de serpiente venenosa o una herida con riesgo de tétanos se administre suero, y no una vacuna: no habría tiempo para que el paciente fabricara sus propios anticuerpos.