Lengua Castellana y Literatura II · Teatro anterior a 1939 · Castilla-La Mancha · 2026

Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026

BLOQUE III: EDUCACIOˊN LITERARIA (3 puntos)

4. Desarrolle UNO‾ de los dos epıˊgrafes propuestos (2):

B. El teatro renovador: tendencias. Federico García Lorca.

Solución

B. Se pide exponer las tendencias del teatro que intentó renovar la escena española en el primer tercio del siglo XX y la obra dramática de Federico García Lorca.

Respuesta: En el primer tercio del siglo XX el público burgués prefería un teatro comercial: la comedia burguesa de Jacinto Benavente (Los intereses creados, 1907), el teatro poético en verso de Eduardo Marquina y el teatro cómico de Carlos Arniches o Pedro Muñoz Seca. Frente a él surgió un teatro renovador, que apenas llegó a los escenarios, con varias tendencias.

Los autores del 98 buscaron un teatro de ideas: Unamuno escribió dramas desnudos, centrados en conflictos interiores (El otro), y Azorín se acercó al simbolismo y al surrealismo (Lo invisible). La figura central es Ramón María del Valle-Inclán, que evolucionó del modernismo de El marqueˊs de Bradomıˊn (1906) y del primitivismo mítico de las Comedias baˊrbaras al esperpento, una deformación grotesca de la realidad para criticar la sociedad española: Luces de bohemia (1920 y 1924) y la trilogía Martes de carnaval (1930). Las vanguardias trajeron un teatro experimental, como el de Ramón Gómez de la Serna (Los medios seres, 1929). Por último, los autores del 27 renovaron la escena con elementos populares, vanguardistas y comprometidos: Rafael Alberti (El hombre deshabitado, 1931), Alejandro Casona (La sirena varada, 1934), Max Aub o Miguel Hernández.

Federico García Lorca (1898-1936) es el dramaturgo más importante de la época. Su teatro funde la tradición popular y la culta con la vanguardia, combina verso y prosa y se apoya en símbolos como la luna, el agua, la sangre o el caballo. Su tema central es el choque entre el deseo de libertad del individuo y las normas sociales que lo reprimen, que conduce a la frustración y a la muerte, con especial atención a la mujer. Tras los inicios modernistas (El maleficio de la mariposa, 1920) y el drama histórico Mariana Pineda (1927), escribió farsas para guiñol y para actores (La zapatera prodigiosa, 1930; Amor de don Perlimplıˊn con Belisa en su jardıˊn, 1933); un teatro surrealista, que él llamó imposible (El puˊblico, 1930; Asıˊ que pasen cinco an˜os, 1931); y las tragedias y dramas de su plenitud: Bodas de sangre (1933), Yerma (1934), Don˜a Rosita la soltera (1935) y La casa de Bernarda Alba (1936), estrenada en 1945. Además, dirigió el teatro universitario La Barraca, que llevó los clásicos a los pueblos de España.

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