Lengua Castellana y Literatura II · Narrativa desde 1975 · Aragón · 2020
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2020
Desarrolle UNO de los dos epígrafes siguientes:
Algunas calas en la novela de la España democrática.
Cuento y microrrelato en la España democrática: un panorama.
Solución
Se pide desarrollar uno de los dos epígrafes del programa; se desarrollan los dos. Los criterios los conciben como panoramas: la novela desde la Transición, con sus etapas, tendencias y autores, y el cuento y el microrrelato, con sus antecedentes, rasgos y cultivadores.
La llegada de la democracia normaliza la vida literaria: desaparece la censura, se amplía el público lector, crece un mercado editorial potente, con grandes sellos, colecciones y premios, y se recuperan géneros antes relegados. En los primeros años conviven la herencia experimental de los años sesenta y una vuelta al gusto por contar historias: (1975), de Eduardo Mendoza, se considera el arranque de esa recuperación de la narratividad, que siguen autores como Luis Mateo Díez o José María Merino.
En los años ochenta y noventa la novela se diversifica. Triunfan la novela negra, con la serie de Pepe Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán, y la novela histórica, con Arturo Pérez-Reverte, y muchas obras vuelven al ámbito privado: la intimidad, las relaciones personales y familiares, la memoria individual y generacional. Es la etapa de Javier Marías (, 1992), Antonio Muñoz Molina (, 1991), Juan José Millás, Luis Landero (, 1989), Soledad Puértolas o Almudena Grandes, mientras los autores consagrados, como Delibes o Marsé, siguen publicando.
Desde el cambio de siglo, internet y la lectura digital transforman el mercado. Se consolidan el gran éxito de ventas (Carlos Ruiz Zafón) y la autoficción, que mezcla realidad y ficción, cuyo título más notable es (2001), de Javier Cercas. Conviven además la novela comprometida (Rafael Chirbes, Isaac Rosa, Fernando Aramburu, autor de , 2016), las propuestas posmodernas de la generación Nocilla y una amplia nómina de narradoras, como Belén Gopegui, Marta Sanz o Sara Mesa.
El cuento español contaba con antecedentes notables antes de la democracia: los narradores de los años cincuenta (Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Ana María Matute), la experimentación de los sesenta y la influencia de los maestros hispanoamericanos, como Borges y Cortázar. Desde los años ochenta el género vive un auge: deja de considerarse menor, se multiplican las colecciones, las antologías, las revistas y los premios, y la crítica le presta atención. Sus rasgos son la concentración y la economía narrativa, la importancia del final, a menudo sorprendente, y la presencia frecuente del humor y la ironía, con una gran variedad de tonos: cuentos realistas, a veces cercanos al realismo sucio de Raymond Carver, fantásticos, líricos o metaliterarios. Lo cultivan Julio Llamazares, Manuel Rivas, Cristina Fernández Cubas, Juan José Millás, José María Merino, Luis Mateo Díez, Quim Monzó o Fernando Aramburu, entre otros.
El microrrelato, o minicuento, lleva al extremo la brevedad. Tiene raíces en el modernismo y las vanguardias (Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna) y antecedentes en la posguerra (Max Aub, Ana María Matute), y recibe la influencia decisiva de Augusto Monterroso. Se caracteriza por la hiperbrevedad, la elipsis, el humor y la ironía y la exigencia de un lector activo que complete lo que no se dice. Se desarrolla desde finales de los ochenta con autores como Javier Tomeo, José Jiménez Lozano, Luis Mateo Díez o Juan José Millás, y en el nuevo milenio, con José María Merino y numerosos autores jóvenes, encuentra en internet y en las redes un medio especialmente adecuado.
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