Para evitar un rebrote de la enfermedad COVID-19 provocada por el coronavirus SARS-CoV-2, la mejor solución sería el desarrollo de una vacuna. ¿Qué son las vacunas? ¿Es lo mismo una vacuna que un suero? Una vacuna diseñada para un virus específico, ¿resultará útil para todas las variantes del mismo? Razone las respuestas. [1 punto]
Una vacuna es una preparación que contiene antígenos de un patógeno, o la información para fabricarlos, desprovista de capacidad de producir la enfermedad, y que se administra para que el organismo desarrolle una respuesta inmunitaria específica y quede protegido frente a él.
Su fundamento es la memoria inmunológica. Al inocularla, las células presentadoras muestran el antígeno a los linfocitos T colaboradores, que activan a los linfocitos B específicos; estos se diferencian en células plasmáticas, que producen anticuerpos, y en linfocitos B de memoria, y otro tanto ocurre con los linfocitos T citotóxicos. Cuando el individuo se encuentre después con el patógeno real, esas células de memoria desencadenarán la respuesta secundaria —mucho más rápida, más intensa y con anticuerpos de mayor afinidad—, que lo eliminará antes de que produzca síntomas. Se trata, por tanto, de una inmunización artificial activa.
| | Qué contiene | Antígenos del patógeno | Anticuerpos ya fabricados Inmunización | Artificial activa | Artificial pasiva Quién produce los anticuerpos | El propio individuo | Otro organismo: un animal inmunizado o un donante Rapidez | Lenta: días o semanas | Inmediata Duración | Años, a veces toda la vida | Semanas, hasta que los anticuerpos se degradan Memoria | Sí | No Finalidad | Preventiva | Curativa o de urgencia Ejemplos | Triple vírica, tétanos, gripe | Antitetánico, antiofídico, gammaglobulinas |
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En una frase: la vacuna enseña al organismo a defenderse antes de que enferme, y el suero le presta una defensa ya hecha cuando ya está en peligro.
En cuanto a la última pregunta, la respuesta es que no necesariamente, y el motivo está en cómo funciona el reconocimiento inmunitario.
La protección descansa en anticuerpos y linfocitos de memoria dirigidos contra epítopos concretos, es decir, contra pequeñas regiones de una proteína determinada del virus —en el SARS-CoV-2, sobre todo la proteína S de la espícula. Si una variante acumula mutaciones que cambian los aminoácidos de esos epítopos, los anticuerpos dejan de encajar en ellos y la eficacia de la vacuna disminuye. Es lo que se llama escape inmunitario.
Los virus de genoma ARN son especialmente propensos a ello, porque replican con polimerasas que carecen de actividad correctora y acumulan mutaciones a gran velocidad; en el virus de la gripe se suma además la reordenación de segmentos genómicos entre cepas, y por eso su vacuna se reformula cada temporada a partir de una predicción de las cepas circulantes.
Conviene, no obstante, matizar la respuesta en dos puntos. El primero es que la pérdida de eficacia no suele ser total: la protección frente a la enfermedad grave se conserva mucho mejor que la protección frente a la infección, porque depende sobre todo de los linfocitos T, que reconocen fragmentos internos del virus, más conservados que su superficie. El segundo es que las vacunas de ARN mensajero permiten actualizar la secuencia en pocas semanas, sin necesidad de aislar ni cultivar el virus, lo que hace mucho más manejable el problema.