PREGUNTA 8. EL SISTEMA INMUNITARIO. LA INMUNOLOGÍA Y SUS APLICACIONES.
En relación al sistema inmunitario:
a) Explica la relación entre la respuesta inmune y la vacunación.
b) Enumera dos diferencias entre las vacunas y los sueros.
c) Indique la composición química de las inmunoglobulinas, ¿qué hecho desencadena su producción?, ¿cuál es su función?, ¿qué células las producen y dónde se originan estas células? (2 puntos)
La vacunación es una aplicación práctica de dos propiedades de la respuesta inmunitaria específica: la
y, sobre todo, la
.
Conviene recordar antes cómo se comporta el sistema inmunitario ante un antígeno.
La primera vez que un antígeno entra en el organismo, los pocos linfocitos B y T capaces de reconocerlo tardan en ser seleccionados, activarse y proliferar. Hay un período de latencia de varios días, la cantidad de anticuerpos producida es moderada, son sobre todo de tipo IgM y de baja afinidad, y descienden con relativa rapidez. Durante ese tiempo la enfermedad puede desarrollarse.
Tras la primera exposición, parte de los linfocitos activados no se convierte en células efectoras, sino en
, que persisten durante años. Si el mismo antígeno vuelve a entrar, estas células lo reconocen de inmediato: la respuesta es mucho más rápida, mucho más intensa, con anticuerpos de tipo IgG y de mayor afinidad, y más duradera. El agente infeccioso es neutralizado antes de que llegue a producir síntomas.
Se inocula el antígeno en una forma incapaz de causar patología (microorganismos muertos, atenuados, fragmentos suyos, toxinas inactivadas o el ARN mensajero que codifica una de sus proteínas). El organismo monta contra él una respuesta primaria completa y, lo esencial, genera linfocitos de memoria. Cuando más adelante llegue el agente real, la respuesta que se desencadena será ya la secundaria.
Por eso las vacunas confieren una inmunidad
, porque es el propio organismo el que fabrica los anticuerpos,
, porque el contacto se provoca deliberadamente, y
. Y por eso muchas necesitan dosis de recuerdo: cada nueva administración amplía la población de células de memoria y prolonga la protección.
| Vacunas | Sueros Qué contienen | Antígenos (microorganismos muertos o atenuados, o fragmentos suyos) | Anticuerpos ya fabricados por otro organismo Tipo de inmunidad | Activa: la produce el propio individuo | Pasiva: se recibe hecha Rapidez de acción | Lenta: hay que esperar a que se monte la respuesta | Inmediata Duración | Larga, de años, porque deja memoria | Corta, de semanas, porque no deja memoria Finalidad | Preventiva | Curativa o de urgencia |
|---|
Las dos diferencias esenciales, si hay que elegir dos, son la
(antígenos frente a anticuerpos) y la consecuencia que de ella se deriva: la vacuna genera
pero tarda en actuar, mientras que el suero actúa de inmediato pero no deja memoria, porque el organismo receptor no ha intervenido en la producción de esos anticuerpos y acaba eliminándolos.
De ahí sus usos: las vacunas se administran de forma preventiva, antes del contacto con el agente, y los sueros después de una exposición ya producida, cuando no hay tiempo de esperar a una respuesta propia, como en el caso del tétanos, la rabia o una mordedura de serpiente.
Las inmunoglobulinas o anticuerpos son
, es decir, proteínas con una fracción glucídica unida.
Su unidad estructural tiene forma de Y y está formada por
unidas por puentes disulfuro: dos
(H) idénticas entre sí y dos
(L), también idénticas.
En cada cadena se distinguen dos zonas:
i) La
, en los extremos de los brazos de la Y, cuya secuencia de aminoácidos cambia de un anticuerpo a otro. Los extremos de una cadena pesada y una ligera forman conjuntamente el sitio de unión al antígeno, de modo que cada unidad tiene dos lugares de unión idénticos. Aquí reside la especificidad.
ii) La
, en el resto de la molécula, que es igual dentro de cada clase de inmunoglobulina y determina su tipo (IgG, IgM, IgA, IgD o IgE) y su función efectora.
La entrada en el organismo de un
, es decir, de una sustancia extraña reconocida como no propia, normalmente una proteína o un polisacárido de la superficie de un agente infeccioso. El antígeno es reconocido por los receptores de membrana de un linfocito B concreto, el que tiene la especificidad adecuada, lo que junto con la colaboración de los linfocitos T colaboradores desencadena su activación y su proliferación (selección clonal).
Los anticuerpos
, formando el complejo antígeno-anticuerpo, y lo marcan para su destrucción. No destruyen directamente al agente, sino que desencadenan mecanismos efectores:
i)
: bloquean toxinas o impiden que los virus se unan a sus células diana.
ii)
: al tener dos sitios de unión, entrelazan varios antígenos formando agregados que se eliminan con facilidad.
iii)
: recubren al microorganismo y facilitan que los macrófagos y neutrófilos lo fagociten.
iv)
, que acaba perforando la membrana del patógeno.
Los anticuerpos son sintetizados por las
o plasmocitos, que son los linfocitos B activados y diferenciados. Se reconocen por su retículo endoplasmático rugoso extraordinariamente desarrollado, acorde con su función de fábrica de proteínas de secreción.
Los linfocitos B se originan a partir de las células madre hematopoyéticas de la
, y es también en la médula ósea donde maduran, a diferencia de los linfocitos T, que se originan igualmente en la médula pero maduran en el
. Una vez maduros, los linfocitos B circulan por la sangre y se instalan en los órganos linfoides secundarios (ganglios linfáticos, bazo, amígdalas), donde tiene lugar el encuentro con el antígeno y su transformación en células plasmáticas y en células de memoria.