Biología · Inmunización y vacunas · La Rioja · 2023
Ejercicio resuelto de Inmunización y vacunas · Biología · 2023
En los últimos dos años con la aparición del SARS-CoV-2 las noticias sobre las vacunas han ocupado muchas horas de informativos, pero:
a) ¿Qué es una vacuna? [0,3 puntos]
b) Diferencie claramente una vacuna de un suero. [0,3 puntos]
c) ¿Por qué a las personas que han pasado la enfermedad se las considera más protegidas frente al virus? [0,4 puntos]
Solución
Una vacuna es una preparación que contiene antígenos de un patógeno, o la información para fabricarlos, desprovista de capacidad de producir la enfermedad, y que se administra para que el organismo desarrolle una respuesta inmunitaria específica y quede protegido frente a ese patógeno.
Al inocularla, el sistema inmunitario monta una respuesta primaria: los linfocitos B se diferencian en células plasmáticas que producen anticuerpos y en linfocitos B de memoria, y otro tanto ocurre con los linfocitos T. Son esas células de memoria las que confieren la protección: cuando el individuo se encuentre con el patógeno real, desencadenarán una respuesta secundaria rápida e intensa que lo eliminará antes de que produzca síntomas.
Según su composición se distinguen las de microorganismos vivos atenuados, las de microorganismos inactivados, las de subunidades o recombinantes, los toxoides y las de ácidos nucleicos, como las de ARN mensajero empleadas frente al SARS-CoV-2.
| | Qué contiene | Antígenos del patógeno | Anticuerpos ya fabricados Tipo de inmunización | Artificial activa | Artificial pasiva Quién produce los anticuerpos | El propio individuo | Otro organismo: un animal inmunizado o un donante humano Rapidez | Lenta: tarda días o semanas | Inmediata Duración | Larga: años, a veces toda la vida | Corta: semanas, hasta que los anticuerpos se degradan Memoria | Sí | No Finalidad | Preventiva | Curativa o de urgencia Ejemplos | Triple vírica, tétanos, gripe | Antitetánico, antiofídico, gammaglobulinas |
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En una frase: la vacuna enseña al organismo a defenderse antes de que enferme; el suero le presta una defensa ya hecha cuando ya está en peligro.
Porque haber pasado la enfermedad equivale a una inmunización natural activa, y deja el mismo tipo de memoria inmunológica que una vacuna.
Durante la infección, el organismo desarrolla una respuesta primaria completa frente a los antígenos del virus. Al superarla, quedan linfocitos B y T de memoria, longevos y específicos. Si el virus vuelve a entrar, esas células desencadenan la respuesta secundaria: se activan en horas en lugar de días, proliferan mucho más y las células plasmáticas producen anticuerpos IgG de mayor afinidad, seleccionados durante la primera respuesta. El virus se neutraliza antes de que llegue a multiplicarse lo suficiente para causar síntomas.
Hay incluso un matiz a favor de la infección natural frente a la vacuna: el organismo ha visto todos los antígenos del virus, y no solo la proteína concreta que la vacuna incluye, y en el caso de un virus respiratorio ha generado además inmunidad de mucosas con IgA.
Conviene, no obstante, matizar la afirmación en tres puntos: la protección no es absoluta ni permanente, porque los anticuerpos decaen con el tiempo; los virus con alta tasa de mutación generan variantes que escapan en parte a esa memoria; y la respuesta es muy desigual de una persona a otra, más débil cuanto más leve haya sido la enfermedad. Por eso se recomienda vacunar también a quienes han pasado la infección: la combinación de ambas, llamada inmunidad híbrida, es la más sólida.
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