Los xenotrasplantes, como los realizados en los últimos meses de órganos humanos desarrollados en cerdos modificados genéticamente, pueden ser una alternativa a la falta de órganos procedentes de pacientes para los trasplantes.
a) ¿Qué es un xenotrasplante? [0,3 puntos]
b) ¿Qué problemas puede generar? [0,4 puntos]
c) ¿Qué tratamientos se utilizan para evitar estos problemas? [0,3 puntos]
Un xenotrasplante es el trasplante de células, tejidos u órganos entre individuos de especies distintas, como el de un corazón o un riñón de cerdo a una persona.
Se distingue así del autotrasplante, en el que donante y receptor son el mismo individuo; del isotrasplante, entre gemelos univitelinos, y del alotrasplante u homotrasplante, entre individuos distintos de la misma especie, que es el trasplante habitual.
Se recurre a él por la escasez de órganos humanos: hay muchas más personas en lista de espera que donantes disponibles. El cerdo es la especie elegida porque el tamaño y la fisiología de sus órganos se parecen a los humanos, se reproduce con rapidez y es fácil de criar en condiciones controladas.
El problema principal es el rechazo, y en el xenotrasplante es mucho más violento que entre humanos. Se produce un rechazo hiperagudo, en cuestión de minutos: el receptor tiene anticuerpos naturales preformados contra un azúcar de la superficie de las células porcinas, el
-Gal, que el ser humano no fabrica; esos anticuerpos se unen al endotelio del órgano, activan el complemento y provocan la trombosis y la destrucción inmediata del injerto. Después vendrían el rechazo agudo, mediado por linfocitos T, y el crónico.
El segundo problema es el riesgo de zoonosis: la transmisión al receptor de agentes infecciosos del animal donante. Preocupan especialmente los retrovirus endógenos porcinos, que están integrados en el genoma del cerdo y no pueden eliminarse criándolo en condiciones estériles. Como el receptor estará inmunodeprimido, el riesgo no se limita a él: podría aparecer un patógeno nuevo transmisible a la población.
Hay además problemas fisiológicos —el órgano animal puede no funcionar igual, tener una vida media distinta o producir proteínas que el organismo humano no reconoce— y problemas éticos, tanto por el uso de animales como fuente de órganos como por el consentimiento informado de un paciente que asume un riesgo poco conocido.
Frente al rechazo, la estrategia actual es modificar genéticamente al cerdo donante. Se eliminan con CRISPR los genes responsables de los azúcares que provocan el rechazo hiperagudo, empezando por el de la
-1,3-galactosiltransferasa, y se le añaden genes humanos que regulan el complemento y la coagulación, como el CD46, el CD55 y la trombomodulina, para que el órgano pase por propio. Los cerdos empleados en los trasplantes de corazón y riñón de los últimos años llevaban diez o más modificaciones de este tipo.
A ello se suma el tratamiento inmunosupresor del receptor, más intenso que en un trasplante convencional, con fármacos que bloquean la activación de los linfocitos T.
Frente al riesgo infeccioso, se crían los animales en instalaciones libres de patógenos específicos, con control veterinario estricto, y se han inactivado con CRISPR las copias de los retrovirus endógenos del genoma porcino. El receptor queda además sometido a vigilancia microbiológica de por vida.