Un organismo transgénico es aquel en cuyo genoma se ha introducido de forma artificial, mediante técnicas de ingeniería genética, uno o varios genes procedentes de otra especie, llamados transgenes. Ese gen se integra en su ADN, se expresa y se transmite a la descendencia, de modo que el organismo adquiere una característica nueva que no podría haber obtenido por reproducción sexual ni por recombinación natural. Es un caso particular de organismo modificado genéticamente.
Dos aplicaciones: las bacterias transgénicas que fabrican proteínas humanas de uso terapéutico, como la insulina para los diabéticos o la hormona del crecimiento, obtenidas al introducir el gen humano correspondiente en *Escherichia coli*; y las plantas transgénicas de interés agrícola, como el maíz Bt, que lleva un gen de la bacteria *Bacillus thuringiensis* que lo hace resistente a un insecto, o el arroz dorado, enriquecido en provitamina A para combatir la ceguera infantil. Valdrían también los animales transgénicos que producen fármacos en su leche y los microorganismos usados en biorremediación.
La respuesta humoral es la parte de la inmunidad específica que se basa en la producción de anticuerpos, que quedan disueltos en el plasma y en los demás humores del organismo. Actúa sobre todo contra los patógenos que se encuentran fuera de las células —bacterias, toxinas y virus mientras circulan por la sangre—, y su mecanismo es la unión del anticuerpo al antígeno, que lo neutraliza, lo aglutina, lo precipita y lo marca para que sea fagocitado o destruido por el complemento.
Depende de los linfocitos B. Cada linfocito B lleva en su membrana un receptor capaz de reconocer un antígeno concreto; cuando lo encuentra, y con la ayuda de los linfocitos T colaboradores, se activa, prolifera y se diferencia en dos poblaciones: las células plasmáticas, que son auténticas fábricas de anticuerpos, y los linfocitos B de memoria. Frente a ella, la respuesta celular depende de los linfocitos T citotóxicos y actúa sobre las células ya infectadas.
La memoria inmunológica es la capacidad del sistema inmunitario de recordar un antígeno con el que ya ha tenido contacto. Los linfocitos de memoria, tanto B como T, sobreviven mucho tiempo —a veces toda la vida— y permanecen en circulación después de la primera infección. Por eso la respuesta secundaria, la del segundo contacto con el mismo antígeno, es mucho más rápida —de días a horas—, más intensa —se producen muchos más anticuerpos, y de tipo IgG en vez de IgM— y más duradera que la primaria. Gracias a ella no volvemos a pasar ciertas enfermedades, y en ella se fundamenta la vacunación, que provoca esa primera respuesta con un antígeno inofensivo.