Describe cuatro funciones de las sales minerales de importancia en los seres vivos.
La primera es la función estructural o esquelética, propia de las sales insolubles, que precipitan y forman estructuras sólidas de sostén y protección: el fosfato cálcico de huesos y dientes, el carbonato cálcico de conchas y caparazones, o la sílice de los caparazones de las diatomeas.
La segunda es la regulación del equilibrio osmótico. Las sales disueltas determinan la concentración de solutos del medio interno y, con ella, la presión osmótica, de modo que controlan la entrada y la salida de agua de la célula y mantienen su volumen y su turgencia.
La tercera es la regulación del pH. Determinados pares de iones actúan como disoluciones amortiguadoras o tampones, captando o cediendo protones para impedir que el pH varíe: el tampón bicarbonato,
, en el medio extracelular, y el tampón fosfato,
, en el interior de la célula.
La cuarta es la función específica de determinados iones, imprescindibles en procesos concretos: el hierro del grupo hemo de la hemoglobina y de los citocromos, el magnesio de la clorofila, el yodo de las hormonas tiroideas, el calcio en la contracción muscular y la coagulación, y el sodio y el potasio en el mantenimiento del potencial de membrana y en la transmisión del impulso nervioso.
Cabría añadir una quinta, la función catalítica: muchos iones actúan como cofactores enzimáticos, sin los cuales la enzima no es activa.