En la actualidad, el ser humano se considera una comunidad dinámica de células humanas y microbianas.
a) Explica qué efectos positivos tienen los microorganismos en las personas.
b) Cita dos grupos de microorganismos que actúen como agentes patógenos sobre el ser humano poniendo un ejemplo de cada uno.
c) ¿Cómo actúan nuestras defensas en presencia de un patógeno?
La microbiota que nos habita —sobre todo la del intestino, pero también la de la piel, la boca y las mucosas— establece con nosotros una relación de simbiosis mutualista, y sus efectos beneficiosos son varios.
Colabora en la digestión: fermenta la fibra vegetal que nuestras enzimas no pueden hidrolizar y produce ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que es el principal combustible de las células del colon.
Sintetiza vitaminas que no obtenemos en cantidad suficiente de la dieta, en particular la vitamina K y varias del grupo B.
Nos protege frente a los patógenos por exclusión competitiva: ocupa el espacio y consume los nutrientes que estos necesitarían, y produce además sustancias antimicrobianas.
Y educa y estimula al sistema inmunitario, enseñándole a distinguir lo inofensivo de lo peligroso y favoreciendo la tolerancia; una microbiota pobre en los primeros años de vida se asocia a más alergias y enfermedades autoinmunes.
Las bacterias, procariotas, como
, agente de la tuberculosis, o
, causante de la salmonelosis.
Los hongos, eucariotas, como
, responsable de las candidiasis.
Podrían citarse igualmente los protozoos, como
, que produce la malaria, y los virus, formas acelulares como el de la gripe o el VIH.
En tres líneas sucesivas.
La primera son las barreras externas, inespecíficas: la piel íntegra y las mucosas, con su moco y sus cilios, el pH ácido del estómago y de la piel, la lisozima de las secreciones y la propia microbiota. Impiden la entrada del patógeno.
La segunda, si esas barreras se superan, es la respuesta interna inespecífica: la reacción inflamatoria, con vasodilatación y aumento de la permeabilidad capilar, que atrae al foco a los fagocitos —neutrófilos y macrófagos—; las células NK, que destruyen células infectadas; el sistema del complemento; el interferón, especialmente eficaz frente a los virus; y la fiebre.
La tercera es la respuesta específica o adaptativa, que tarda días en desarrollarse pero es mucho más eficaz. Comprende la vía humoral, en la que los linfocitos B se transforman en células plasmáticas y producen anticuerpos contra el antígeno concreto, y la vía celular, en la que los linfocitos T citotóxicos destruyen las células infectadas mientras los colaboradores coordinan el conjunto. De ella quedan linfocitos de memoria, que hacen que un segundo contacto con el mismo patógeno se resuelva mucho más deprisa.