El virus del SIDA infecta linfocitos T4 (CD4) provocando a la larga su destrucción. ¿Qué consecuencias cree que traerá para el individuo la infección por el virus a efectos del funcionamiento del sistema inmunológico? Razone la respuesta. [1,25 puntos]
La consecuencia es un COLAPSO GENERAL de la respuesta inmunitaria específica, y no solo de una parte de ella. La razón está en cuál es exactamente la célula que el virus destruye.
El linfocito T4 o CD4 es el LINFOCITO T COLABORADOR, y su papel no es el de un efector más: es el DIRECTOR de la respuesta adaptativa. Cuando una célula presentadora —un macrófago o una célula dendrítica— le muestra el antígeno unido al complejo principal de histocompatibilidad de clase II, el linfocito T4 se activa y empieza a secretar interleucinas y otras citoquinas que hacen tres cosas: estimulan a los LINFOCITOS B para que proliferen y se diferencien en células plasmáticas productoras de anticuerpos; activan a los LINFOCITOS T CITOTÓXICOS para que destruyan las células infectadas; y potencian la capacidad destructiva de los MACRÓFAGOS. Es, por tanto, el nudo por el que pasan las dos ramas de la inmunidad específica, la humoral y la celular.
De ahí que su destrucción tenga consecuencias en cascada:
Se deprime la INMUNIDAD HUMORAL. Sin la ayuda de los T4, los linfocitos B apenas se activan frente a la mayoría de los antígenos, no cambian de clase de anticuerpo ni maduran su afinidad, y la producción de anticuerpos específicos cae. El individuo queda mal defendido frente a bacterias extracelulares y toxinas.
Se deprime la INMUNIDAD CELULAR. Los linfocitos T citotóxicos no reciben la señal que necesitan para expandirse, de modo que las células infectadas por virus y las células tumorales dejan de ser eliminadas con eficacia.
Se deprime la respuesta de los MACRÓFAGOS, que sin interferón gamma pierden buena parte de su capacidad para destruir lo que han fagocitado, sobre todo los patógenos intracelulares.
Se pierde la MEMORIA INMUNOLÓGICA y falla la respuesta a las vacunas, porque tampoco se generan bien los linfocitos de memoria.
El resultado clínico es el SÍNDROME DE INMUNODEFICIENCIA ADQUIRIDA. Mientras el número de linfocitos T4 se mantiene por encima de unos umbrales, el organismo compensa la pérdida y el infectado permanece asintomático durante años, aunque el virus se está replicando; cuando el recuento cae por debajo de unos 200 por microlitro, aparecen las manifestaciones características, que no son producidas por el virus sino por la indefensión:
INFECCIONES OPORTUNISTAS, causadas por microorganismos que en una persona sana son inofensivos: la neumonía por Pneumocystis jirovecii, la candidiasis, la toxoplasmosis cerebral, la criptococosis, la reactivación de la tuberculosis o del citomegalovirus.
TUMORES poco frecuentes en la población general, como el sarcoma de Kaposi y ciertos linfomas, porque desaparece la vigilancia inmunitaria que normalmente elimina las células transformadas.
Y, con frecuencia, síndrome constitucional, adelgazamiento y afectación neurológica.
Merece la pena señalar la paradoja que hace tan grave a este virus: ataca precisamente a la célula encargada de organizar la defensa contra él, de modo que cuanto más avanza la infección, menos capaz es el organismo de combatirla. A eso se suman su alta tasa de mutación, que dificulta obtener una vacuna, y su capacidad de integrarse en el genoma de la célula como provirus y permanecer latente en reservorios, lo que impide erradicarlo. Los tratamientos antirretrovirales actuales no lo eliminan, pero bloquean su replicación, permiten que el recuento de linfocitos T4 se recupere y convierten la infección en una enfermedad crónica.