Biología · Inmunización y vacunas · Aragón · 2020
Ejercicio resuelto de Inmunización y vacunas · Biología · 2020
Durante la pandemia de la COVID-19, producida por el coronavirus SARS-CoV-2, diferentes grupos de investigación a nivel mundial han estudiado la viabilidad de dos estrategias para terminar con este virus y la enfermedad que produce: Estrategia A) administrar a la población dicho virus atenuado, o un antígeno del mismo, que produzca una respuesta inmunitaria contra el SARS-CoV-2. Estrategia B) administrar anticuerpos obtenidos a partir de la sangre de pacientes que han superado la enfermedad. [2 puntos]
a) ¿Qué nombre recibe la estrategia A? ¿Qué nombre recibe la estrategia B? [0,4 puntos]
b) Suponga que se consigue que ambas estrategias funcionen con éxito aplicadas a esta enfermedad. Si un paciente afectado por este virus llegase a urgencias, ¿cuál de las dos estrategias se le aplicaría? Razone detalladamente la respuesta, comparando la aplicación de ambas estrategias. [1,6 puntos]
Solución
La estrategia A es la vacunación: la administración de un preparado con el virus atenuado o con alguno de sus antígenos, para que sea el propio organismo el que responda. Confiere una inmunidad artificial activa.
La estrategia B se conoce como sueroterapia: la administración de anticuerpos ya fabricados, obtenidos del plasma de pacientes que superaron la enfermedad. Confiere una inmunidad artificial pasiva.
De las dos estrategias, la más adecuada sería la B, la sueroterapia.
La razón es que con ella se administran directamente los anticuerpos necesarios para vencer a un patógeno que ya está presente en el organismo, de modo que tiene carácter curativo y no preventivo. Los anticuerpos administrados actúan de manera inmediata contra el agente patógeno: lo neutralizan y reducen la carga vírica sin que haya que esperar a que el sistema inmunitario del paciente los fabrique. Esa rapidez es justamente lo que se necesita en urgencias, cuando la infección está en marcha.
Ahora bien, la sueroterapia tiene una limitación importante. Transcurrido un tiempo, los anticuerpos recibidos se degradan, y como no han sido sintetizados por el sistema inmunitario del propio individuo, no se generan células de memoria. Al desaparecer, por tanto, el paciente vuelve a quedar tan desprotegido como al principio.
La vacunación, en cambio, es una estrategia preventiva. Se administra a personas sanas, poniéndolas en contacto con el antígeno por primera vez; a raíz de ese primer contacto el individuo desarrolla una respuesta primaria y, con ella, memoria inmunitaria, lo que lleva un tiempo al organismo —varios días o semanas—. Si más adelante vuelve a entrar en contacto con el agente patógeno, su sistema inmunitario producirá rápidamente una respuesta secundaria, secretando de inmediato una gran cantidad de anticuerpos específicos.
En el caso que plantea la pregunta, sin embargo, no tiene sentido aplicar la vacuna: el paciente ya está en contacto con el antígeno, así que administrarle el virus atenuado no le aporta nada que la propia infección no le esté aportando ya, y la respuesta llegaría demasiado tarde. Lo ideal sería, pues, aplicar el suero a los enfermos y reservar la vacuna para la población sana.
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