Biología · Inmunización y vacunas · Andalucía · 2021
Ejercicio resuelto de Inmunización y vacunas · Biología · 2021
Es frecuente que personas vacunadas frente a una enfermedad infecciosa durante la infancia no presenten anticuerpos frente a la misma después de algunos años. Justifique las respuestas.
a) ¿Quiere decir esto necesariamente que han perdido la inmunidad frente a esa enfermedad? [0,5 puntos]
b) Si inyectamos el antígeno del agente infeccioso a un grupo de personas y se deja transcurrir una semana, ¿cómo se podría distinguir entre las personas que fueron vacunadas con anterioridad y las que no mediante un análisis de sangre? [0,5 puntos]
Solución
No, en absoluto. La ausencia de anticuerpos circulantes no equivale a la pérdida de la inmunidad.
Los anticuerpos los producen las células plasmáticas, que tienen una vida muy corta, de unos pocos días. Terminada la respuesta, esas células desaparecen y los anticuerpos que dejaron en la sangre se van degradando, de manera que al cabo de años su concentración puede caer por debajo del límite de detección. Eso es lo normal y no significa nada por sí solo.
Lo que confiere la protección duradera no son los anticuerpos, sino los linfocitos de memoria, tanto B como T, que se generaron durante la vacunación y que permanecen circulando durante años, incluso toda la vida, sin producir anticuerpos. Si el patógeno aparece, se activan de inmediato y desencadenan una respuesta secundaria rápida e intensa que lo elimina antes de que la enfermedad llegue a declararse.
La persona sigue, por tanto, inmunizada, aunque su análisis dé negativo.
Bastaría con medir a los siete días la concentración de anticuerpos en sangre y determinar de qué clase son, porque unos y otros habrán respondido de manera muy distinta.
Las personas vacunadas con anterioridad conservan linfocitos de memoria, así que su respuesta es secundaria: se activa casi sin período de latencia y a los siete días ya presentan una concentración alta de anticuerpos, predominantemente del tipo IgG.
Las que no fueron vacunadas se enfrentan al antígeno por primera vez y su respuesta es primaria: necesita varios días para que el antígeno sea captado y presentado y para que los linfocitos B específicos proliferen. A los siete días su concentración de anticuerpos será muy baja o apenas detectable, y los pocos que haya serán de tipo IgM.
La diferencia, tanto en cantidad como en clase de inmunoglobulina, es lo bastante marcada como para separar sin ambigüedad a los dos grupos. Este es, de hecho, el fundamento de las pruebas serológicas que determinan si una persona está inmunizada.
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