Se razona compuesto por compuesto, apoyándose en las dos propiedades que mejor discriminan entre tipos de enlace: la temperatura de fusión, que mide la fuerza de las interacciones que hay que vencer, y la conductividad eléctrica, que informa de si existen portadores de carga libres.
El compuesto X funde a 1520 ºC, temperatura muy alta, lo que indica interacciones intensas en todo el sólido. Es aislante en estado sólido pero conductor fundido: al fundirse aparecen partículas cargadas libres. Eso solo lo explica una red de iones, inmóviles en el cristal y móviles en el fundido.
El compuesto Y funde a
ºC y es un gas a temperatura ambiente, de modo que las fuerzas que mantienen unidas sus partículas son muy débiles. Los enlaces dentro de la molécula son fuertes, pero entre moléculas solo hay fuerzas intermoleculares.
El compuesto Z es duro, funde por encima de 3000 ºC, es insoluble en agua y no conduce la electricidad ni en estado sólido. La dureza y la temperatura de fusión piden enlaces covalentes fuertes extendidos por todo el cristal, y la ausencia de conductividad descarta tanto iones como electrones deslocalizados.
Se descarta el enlace metálico en los tres casos, porque ninguno conduce la electricidad en estado sólido, que es la propiedad característica de los metales.
X es un compuesto iónico, Y una sustancia molecular covalente y Z un sólido covalente reticular.
El compuesto Y es el tricloruro de fósforo,
. Se cuentan los electrones de valencia disponibles, se reparten en enlaces y pares solitarios hasta completar el octeto de todos los átomos y después se aplica RPECV al átomo central.
Tres de esos pares forman los enlaces P–Cl; los diez restantes quedan como pares solitarios, nueve repartidos entre los tres cloros y uno sobre el fósforo.
El fósforo queda por tanto rodeado de cuatro pares de electrones: tres enlazantes y uno solitario. Según RPECV los cuatro se disponen hacia los vértices de un tetraedro para separarse lo más posible, pero la geometría molecular la definen únicamente los átomos enlazados.
El par solitario ocupa más volumen que un par enlazante, porque solo lo atrae un núcleo, así que comprime los tres enlaces y cierra el ángulo por debajo del valor tetraédrico:
En cuanto a la polaridad, el cloro es más electronegativo que el fósforo, por lo que cada enlace P–Cl está polarizado y tiene su propio momento dipolar. Al no ser la molécula plana ni simétrica respecto del átomo central, esos tres momentos no se anulan entre sí y su suma vectorial es distinta de cero.
El tricloruro de fósforo tiene geometría de pirámide trigonal, con un ángulo de enlace algo menor de 109,5º, y es una molécula polar.

Para decidir qué fuerzas intermoleculares operan basta con saber si la molécula es polar y si tiene hidrógeno unido a un elemento muy electronegativo.
En el apartado anterior se ha establecido que el
es polar, es decir, que se comporta como un dipolo permanente. Entre dipolos permanentes aparecen fuerzas de atracción de Keesom, en las que el extremo negativo de una molécula se orienta hacia el positivo de la vecina.
A ellas se suman siempre las fuerzas de dispersión de London, debidas a los dipolos instantáneos que genera el movimiento electrónico. En el
no son despreciables, porque los tres átomos de cloro aportan muchos electrones y una nube electrónica grande se polariza con facilidad.
Queda descartado el enlace de hidrógeno, ya que la molécula no contiene ningún átomo de hidrógeno unido a flúor, oxígeno o nitrógeno.
En el
líquido actúan fuerzas de Van der Waals de dos tipos: atracciones dipolo-dipolo permanente, por ser una molécula polar, y fuerzas de dispersión de London, favorecidas por el gran número de electrones de los cloros.