Lengua Castellana y Literatura II · Novela de 1939 a 1975 · Región de Murcia · 2025
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2025
y responda a las cuestiones que se plantean en cada caso:
6.1. . Lea atentamente el texto y responda las siguientes cuestiones:
(Por derechos de autor, el fragmento no se reproduce en Hodeia: el examen lo reproduce sin autor ni título. Está en la página 2 del PDF oficial del examen.)
6.1.1. Identifique al autor y la obra de la que forma parte. A continuación, contextualícela en el marco de la historia de la literatura. (1 p.) [15-25 líneas]
6.1.2. Identifique los espacios y ambientes que aparecen en este texto. (1,5 p.) [20-25 líneas]
6.1.3. Identifique y explique qué características formales nos permiten atribuirlo al género literario, al autor y a la época a la que pertenece. (1,5 p.) [20-25 líneas]
Solución
Se piden la autora y la obra y su contexto (0,25 la identificación y 0,75 el contexto), en quince a veinticinco líneas.
Identificación: una joven llega sola a Barcelona de noche, a la estación de Francia, con un maletón de libros: es el comienzo de Nada, de Carmen Laforet.
Contexto: la obra y la novela española de los años cuarenta.
El fragmento es el comienzo de , de Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Madrid, 2004): la llegada de Andrea a Barcelona. La novela ganó la primera edición del premio Nadal, fallada en enero de 1945, y se publicó ese mismo año con un éxito inmediato. Andrea, una huérfana de dieciocho años, cuenta en primera persona el curso que pasó en Barcelona para estudiar Letras, en el piso de la calle de Aribau donde vive la familia de su madre, empobrecida y degradada tras la guerra; al final se marcha a Madrid con la familia de su amiga Ena. La novela tiene tres partes. Laforet publicó después (1952) y (1955).
La novela de los años cuarenta nace en una España aislada, pobre y sometida a la censura, con muchos novelistas en el exilio (Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Max Aub). Dos corrientes la renuevan: el tremendismo, que inaugura (1942), de Camilo José Cela, con su crudeza y su violencia, y la novela existencial, que retrata la angustia, la soledad y la frustración de personajes sin rumbo, como o , de Miguel Delibes (premio Nadal de 1947). En los cincuenta llegará el realismo social y en los sesenta, la novela experimental.
Se piden los espacios y ambientes del texto, en veinte a veinticinco líneas; los criterios hablan de espacios y ambientes de Nada, así que se sitúan también en la novela.
Espacios del fragmento: la estación de Francia y su gentío (párrafo 1), las sensaciones del vestíbulo y la salida (párrafos 2 y 3) y la ciudad dormida, cerca del mar y del Borne (párrafo 4).
Ambiente: la noche, la libertad y la ilusión de Andrea, con indicios de tristeza (las luces, la soledad de los faroles).
Espacios de la novela: el piso de la calle de Aribau, la universidad, la casa de Ena, las calles de la ciudad.
El fragmento se desarrolla en dos espacios abiertos y urbanos. El primero es la estación de Francia de Barcelona, a medianoche: un lugar lleno de gente que espera o llega, de grupos y de maletas, que Andrea percibe a través de los sentidos, con su olor especial, su rumor y sus «luces siempre tristes». El segundo es la ciudad nocturna que descubre al salir: casas dormidas, comercios cerrados, faroles solitarios, el aire marino, el mar muy cerca y las misteriosas callejuelas que llevan hacia el Borne. Los mozos de cuerda, los camàlics, aportan el color local.
El ambiente es el de una noche de libertad y aventura: Andrea viaja sola por primera vez y lo vive todo con asombro, alegría y una «ansiosa expectación»; la ciudad, adorada en sueños, la fascina. Pero ya asoman notas sombrías, como la tristeza de las luces o la soledad de los faroles, que anticipan el desengaño.
En la novela, ese espacio abierto y animado contrasta enseguida con el piso de la calle de Aribau, sucio, oscuro y lleno de muebles amontonados, imagen de una familia degradada y de la miseria de la posguerra, donde reinan la violencia, el hambre y la falta de libertad. Frente a él están los espacios de la evasión: la universidad, donde Andrea encuentra amigos, la casa de Ena, ordenada y burguesa, y las calles de Barcelona, que recorre sola. El viaje final a Madrid cierra este recorrido de la ilusión al desencanto.
Se piden los rasgos formales que permiten atribuirlo al género narrativo, a Laforet y a su época, en veinte a veinticinco líneas; los criterios hablan de los elementos de estilo de Nada.
Género: narración en primera persona por la protagonista, retrospectiva, con predominio de la descripción.
Autora: impresionismo sensorial, adjetivación abundante y a menudo doble, comparaciones y metáforas, enumeraciones, el catalanismo de la última línea.
Época: la novela existencial de posguerra; el principio anticipa el final de la novela.
El texto es narrativo: Andrea, la protagonista, cuenta en primera persona y desde la distancia del recuerdo su llegada a Barcelona, con verbos en pasado (llegué, miraba, empecé). La narración se detiene en la descripción, que es impresionista: el espacio se construye con sensaciones olfativas, auditivas y visuales (el olor, el rumor de la gente, las luces) y con lo que siente la narradora.
El estilo de Laforet se apoya en una adjetivación abundante y expresiva, a menudo en parejas («agradable y excitante», «largo y cansado», «pesado y fresco»), y en imágenes poéticas: la comparación de Andrea con «una gota entre la corriente», la personificación de las casas dormidas, la respiración de la ciudad y los faroles que parecen «centinelas borrachos de soledad». Abundan las enumeraciones (la ciudad como una masa de casas, establecimientos y faroles) y las oraciones largas, con incisos entre rayas que añaden matices. La palabra catalana camàlics da color local.
El contraste entre la ilusión de la protagonista y los detalles tristes del ambiente anticipa el tono desencantado del libro. Esa mirada interior de una joven solitaria y el ambiente gris de la ciudad de posguerra sitúan el texto en la novela existencial de los años cuarenta. Además, la novela se cierra con una partida que recuerda esta llegada, de modo que el principio y el final se corresponden.
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