Lengua Castellana y Literatura II · Modernismo y Generación del 98 · Galicia · 2026
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026
Identifique y explique cuatro características presentes en este fragmento que permitan atribuirlo a su autor o a su movimiento literario. Desarrolle, además, uno de estos dos temas: “Trayectoria literaria de Unamuno” o “La novela de la generación del 98”.
—¿Conque no, eh? —me dijo—, ¿conque no? No quiere usted dejarme ser yo, salir de la niebla, vivir, vivir, vivir, verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme: ¿conque no lo quiere?, ¿conque he de morir ente de ficción? Pues bien, mi señor creador don Miguel, ¡también usted se morirá, también usted, y se volverá a la nada de que salió...! ¡Dios dejará de soñarle! ¡Se morirá usted, sí, se morirá, aunque no lo quiera; se morirá usted y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos, sin quedar uno! ¡Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros, lo mismo que vosotros. Porque usted, mi creador, mi don Miguel, no es usted más que otro ente , y entes sus lectores, lo mismo que yo, que Augusto Pérez, que su víctima.
(, Unamuno)
Solución
Se piden cuatro rasgos del fragmento que permitan atribuirlo a su autor o a su movimiento y desarrollar uno de los dos temas; se desarrollan los dos. El fragmento es de (1914), de dominio público, y está en el enunciado: es el encuentro de Augusto Pérez con Unamuno en el capítulo XXXI.
Rasgos que hay que buscar: la preocupación existencial (la muerte, la identidad), la metaficción y el concepto de nivola, el diálogo como vehículo de ideas y los recursos de intensificación emocional (repeticiones, enumeraciones, exclamaciones, interrogaciones).
Cuatro rasgos del fragmento. Primero, la preocupación existencial que comparte la generación del 98 y que en Unamuno es obsesiva: Augusto reclama el derecho a existir («No quiere usted dejarme ser yo») y anuncia la muerte de todos, también la del creador y la de los lectores («se morirán todos los que lean mi historia»). Segundo, la metaficción: el autor real entra en la novela como personaje y narrador en primera persona («me dijo») y la criatura se rebela contra él, de modo que se borra el límite entre ficción y realidad; el término remite a la nivola, la novela renovada que Unamuno inventa. Tercero, la idea de la vida como sueño, el tópico del («¡Dios dejará de soñarle!»), unido al símbolo de la niebla del título («salir de la niebla»): Dios sueña al hombre como el autor sueña al personaje. Cuarto, el estilo: un diálogo de ideas, apasionado, en el que la acción pasa a segundo plano, con repeticiones («vivir, vivir, vivir»; «todos, todos, todos»), enumeraciones de infinitivos («verme, oírme, tocarme, sentirme, dolerme, serme»), interrogaciones y exclamaciones que expresan la angustia del personaje.
Tema 1. Trayectoria literaria de Unamuno. Miguel de Unamuno (1864-1936), bilbaíno, catedrático de griego y rector de la Universidad de Salamanca, fue desterrado a Fuerteventura por la dictadura de Primo de Rivera (1924) y pasó después a Francia; murió en Salamanca en diciembre de 1936. Toda su obra gira en torno a la angustia por la muerte, el ansia de inmortalidad, la lucha entre la fe y la razón, la personalidad y el problema de España. En el ensayo destacan (1895), con el concepto de intrahistoria, (1905) y (1913). Tras una primera novela realista, (1897), crea la nivola, novela de acción mínima, diálogo abundante y personajes que encarnan conflictos interiores: (1902), (1914), (1917), (1921) y (1931). Como poeta, de verso denso y conceptual, escribió (1907), (1911), (1920) y un póstumo. Su teatro, desnudo y de ideas, incluye y .
Tema 2. La novela de la generación del 98. Los escritores del 98 reaccionan ante la crisis de fin de siglo y el desastre colonial de 1898 con una visión crítica de España y una honda preocupación existencial. Rompen con el realismo del siglo XIX: novelas de estructura abierta y argumento escaso, protagonistas abúlicos, angustiados o desorientados, peso del pensamiento y del diálogo, y un estilo antirretórico. En 1902 aparecen varias obras que marcan el cambio: , de Unamuno; , de Azorín; y , de Baroja. Unamuno inventa la nivola, novela de ideas centrada en los conflictos de la conciencia (, ). Pío Baroja, el gran novelista del grupo, escribe novelas de acción ágil, estilo sencillo y personajes escépticos o aventureros, agrupadas en trilogías: (1904), y, sobre todo, (1911). Azorín cultiva una novela lírica y descriptiva, casi sin argumento, atenta al detalle y al paso del tiempo (, 1903; , 1904). Valle-Inclán evoluciona de las modernistas (1902-1905) a la novela esperpéntica (1926).
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