Lengua Castellana y Literatura II · Modernismo y Generación del 98 · Extremadura · 2024

Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2024

III. TERCER BLOQUE: EDUCACIOˊN LITERARIA. Se proponen 2 preguntas sobre el temario de Literatura castellana; hay que elegir una de ellas. La puntuación máxima de este bloque es de 3 puntos.

1. Elija una entre las dos preguntas que se proponen:

PREGUNTA 1: La narrativa española en el primer tercio del siglo XX.

Solución

PREGUNTA 1. Se pide desarrollar el tema: contexto, corrientes, autores y obras de la narrativa española entre 1900 y 1936 (los criterios destacan la generación del 98: Unamuno, Azorín y Baroja).

Respuesta: A comienzos del siglo XX la novela realista y naturalista entra en crisis. El desastre de 1898, que culmina la decadencia de la Restauración, y las nuevas corrientes filosóficas (Schopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard) favorecen una narrativa que se interesa más por la intimidad, las ideas y la renovación de la forma que por el retrato minucioso de la sociedad. En 1902 coinciden cuatro novelas que marcan el cambio: Amor y pedagogıˊa, de Unamuno; Camino de perfeccioˊn, de Baroja; La voluntad, de Azorín; y Sonata de oton˜o, de Valle-Inclán.

Los autores de la generación del 98 comparten la preocupación por España, la reflexión existencial y el gusto por un estilo sobrio y antirretórico. Miguel de Unamuno convierte la novela en vehículo de sus angustias (la inmortalidad, la fe, la identidad) y crea la nivola, con personajes que discuten con su autor: Niebla (1914), Abel Saˊnchez (1917), La tıˊa Tula (1921) y San Manuel Bueno, maˊrtir (1931). Pío Baroja es el gran novelista del grupo: con una prosa ágil, de párrafos breves y diálogos vivos, presenta personajes abúlicos o inadaptados y una visión pesimista de la vida; destacan El aˊrbol de la ciencia (1911), la trilogía La lucha por la vida (iniciada con La busca, 1904) y novelas de aventuras como Zalacaıˊn el aventurero (1909). Azorín escribe novelas casi sin acción, de tono lírico y descriptivo, centradas en el paso del tiempo y en el paisaje de Castilla: La voluntad (1902) y Las confesiones de un pequen˜o filoˊsofo (1904).

Valle-Inclán, que parte del modernismo con las Sonatas (1902-1905), memorias galantes del marqués de Bradomín de prosa refinada, evoluciona hacia el esperpento en Tirano Banderas (1926), novela de un dictador hispanoamericano, y en la serie El ruedo ibeˊrico. Vicente Blasco Ibáñez prolonga el naturalismo (Can˜as y barro, 1902).

Los novecentistas, hacia 1914, buscan una novela intelectual y de estilo cuidado. Ramón Pérez de Ayala escribe novelas de ideas con perspectivismo, como Belarmino y Apolonio (1921); Gabriel Miró, una prosa lírica y sensorial (Nuestro Padre San Daniel, 1921; El obispo leproso, 1926); y Wenceslao Fernández Flórez cultiva el humor. José Ortega y Gasset teoriza sobre el arte nuevo en La deshumanizacioˊn del arte (1925).

En los años veinte, la vanguardia inspira la novela de Ramón Gómez de la Serna y la prosa deshumanizada de Benjamín Jarnés o de Rosa Chacel (Estacioˊn. Ida y vuelta, 1930). A finales de la década, frente a ella surge una novela social y comprometida, como Imaˊn (1930), de Ramón J. Sender, sobre la guerra de Marruecos. La Guerra Civil interrumpe estas trayectorias.

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