Lengua Castellana y Literatura II · Modernismo y Generación del 98 · Castilla-La Mancha · 2025
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2025
Elija de los textos propuestos y responda a la cuestión que lo acompaña:
Comente, razonadamente y empleando ejemplos, presentes en el texto siguiente que permitan justificar que pertenece al
(Por derechos de autor, el poema no se reproduce en Hodeia: Juan Ramón Jiménez. . Está en la página 2 del PDF oficial del examen.)
Solución
Se piden dos rasgos del poema que prueben que pertenece al modernismo, explicados y con ejemplos (página 2 del PDF; dos estrofas a dos columnas: versos 1-4 a la izquierda y 5-8 a la derecha). El poema es de , de la primera etapa de Juan Ramón Jiménez.
Métrica: versos alejandrinos, de catorce sílabas en dos hemistiquios de siete; por ejemplo, el verso 1 se mide Dul-ces-ro-sas-deo-lor (seis sílabas más una por ser aguda) y quen-tre-la-hie-dra-ver-de (siete, con sinalefa). Riman en consonante el primero con el tercero y el segundo con el cuarto de cada estrofa (verde y pierde, elegancia y fragancia; dura y altura, fuerte y muerte): son serventesios.
Léxico y temas: vocabulario sensorial y colorista (las rosas, la hiedra verde, la noche azul, la fragancia, la plata, la nieve), la rosa como símbolo de la belleza efímera y una melancolía que identifica el alma del poeta con las flores que se marchitan (versos 2-4 y 8).
Un primer rasgo modernista es la métrica: el poema está escrito en alejandrinos, el verso de catorce sílabas que el modernismo recuperó y convirtió en su emblema, como el verso 1, «Dulces rosas de olor, que entre la hiedra verde», con dos hemistiquios de siete sílabas. Se agrupan en dos serventesios de rima consonante (verde y pierde, elegancia y fragancia), lo que da al poema la musicalidad que perseguía el movimiento.
Un segundo rasgo es el léxico sensorial y colorista, al servicio de la búsqueda de la belleza y de la melancolía intimista: las rosas, la hiedra verde, la «noche azul» y la «mustia elegancia» (verso 2) apelan a la vista y al olfato, y la rosa simboliza la belleza efímera. El poeta identifica su alma con esas flores que se marchitan («la esencia de mi vida se pierde», verso 3) y la invoca con un apóstrofe exclamativo («¡oh, alma mía!», verso 8), en el tono triste y delicado del modernismo de Juan Ramón.
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