Lengua Castellana y Literatura II · Modernismo y Generación del 98 · Castilla y León · 2024
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2024
7. Desarrolle de los siguientes temas de Literatura española (máximo 3 puntos):
a)
Solución
Se pide desarrollar el tema en sus dos partes: primero, los rasgos temáticos y formales del periodo, con autores y obras representativos; después, con detalle, Rubén Darío y Antonio Machado (los criterios reparten 1,5 puntos para cada parte).
El cambio de siglo es una época de crisis. En Europa se pone en duda la fe en la razón y en el progreso del positivismo; en España, la derrota de 1898 y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas revelan el atraso del país. Frente al realismo y a la poesía retórica y prosaica de la Restauración surgen dos movimientos que comparten el rechazo de la sociedad burguesa: el modernismo y la generación del 98.
El modernismo nace en Hispanoamérica y bebe de dos corrientes francesas: el parnasianismo, que busca la perfección formal y el arte por el arte, y el simbolismo, que sugiere en lugar de nombrar y persigue la musicalidad. Sus rasgos son el esteticismo, la evasión hacia mundos exóticos, mitológicos, medievales u orientales, el cosmopolitismo, la sensualidad, el cromatismo y las sinestesias, un léxico culto y exquisito (cisnes, princesas, nenúfares) y una gran renovación métrica: alejandrinos, eneasílabos, dodecasílabos y combinaciones nuevas. Junto a esa vertiente brillante hay otra intimista y melancólica, más cercana al simbolismo. En España lo cultivan Manuel Machado (, 1902), Francisco Villaespesa, el primer Juan Ramón Jiménez (, 1903) y Valle-Inclán.
La generación del 98 (Unamuno, Baroja, Azorín, Maeztu, Antonio Machado) responde a la crisis con una reflexión sobre España: busca su esencia en el paisaje de Castilla y en la vida callada del pueblo (la intrahistoria de Unamuno), critica su decadencia y expresa inquietudes existenciales. Su estilo es sobrio y antirretórico, con léxico castizo y de la tierra. En poesía destaca Unamuno (, 1907; , 1920), con versos densos de preocupación religiosa.
Rubén Darío (Nicaragua, 1867-1916) es el gran renovador de la lengua poética en español. (1888) abre el modernismo; (1896) representa su vertiente más esteticista y musical, con poemas como «Sonatina», de princesas tristes, jardines y cisnes. (1905) muestra una poesía más honda: la angustia ante el paso del tiempo y la muerte («Lo fatal») y la preocupación por el mundo hispánico frente a Estados Unidos («A Roosevelt»). Su influencia en la métrica y en el lenguaje poético fue decisiva en España.
Antonio Machado (Sevilla, 1875-Collioure, 1939) parte de un modernismo intimista: (1903), ampliado en (1907), explora el tiempo, el recuerdo, el sueño y la muerte a través de símbolos (la tarde, la fuente, el camino, las galerías del alma). (1912, ampliado en 1917) refleja su etapa en Soria: el paisaje castellano, la crítica de una España pobre y decadente, el romance de «La tierra de Alvargonzález» y, en la edición ampliada de 1917, los poemas de la enfermedad y la muerte de su esposa, Leonor (1912): «A un olmo seco», escrito durante su enfermedad, y los de Baeza que la recuerdan, como «A José María Palacio». Después vienen (1924), la poesía sentenciosa de los proverbios y cantares y la prosa de (1936). Machado concibe la poesía como «palabra esencial en el tiempo»: un lenguaje sencillo y depurado, con símbolos y metros tradicionales (romance, silva), al servicio de la emoción y de la reflexión.
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