Lengua Castellana y Literatura II · Modernismo y Generación del 98 · Asturias · 2026
Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026
Y bien —se me dirá...— ¿cuál es tu religión? Y yo responderé: «Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarla mientras viva; mi religión es luchar incesante¹ e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir² con aquello del inconocible —o incognoscible, como escriben los pedantes— ni con aquello otro de “de aquí no pasarás”. Rechazo el eterno . Y, en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible».
«Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto», nos dijo el Cristo, y semejante ideal de perfección es, sin duda, inasequible. Pero nos puso lo inasequible como meta y término de nuestros esfuerzos. Y ello ocurrió, dicen los teólogos, con la gracia. Y yo quiero pelear mi pelea, sin cuidarme de la victoria. ¿No hay ejércitos y aún pueblos que van a una derrota segura? ¿No elogiamos a los que se dejaron matar peleando antes de rendirse? Pues esta es mi religión. [...]
En el orden religioso apenas hay cosa alguna que tenga racionalmente resuelta, y como no la tengo, no puedo comunicarla lógicamente, porque sólo es lógico y trasmisible lo racional. Tengo, sí, con el afecto, con el corazón, con el sentimiento, una fuerte tendencia al cristianismo, sin atenerme a dogmas especiales de esta o de aquella confesión cristiana.
[...] Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su no existencia; los razonamientos de los ateos me parecen de una superficialidad y futileza³ mayores o aún que los de sus contradictores. Y si creo en Dios, o, por lo menos, creo creer en Él, es, ante todo, porque quiero que Dios exista, y después, porque se me revela por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la Historia. Es cosa de corazón.
MIGUEL DE UNAMUNO,
¹incesante: constante.
²transigir: consentir.
³futileza: de poca importancia.
Responda a estas cuestiones relativas al texto anterior:
A.1) Identifique el tema del fragmento. (1 punto)
A.2) ¿Cuál es la posición religiosa de Unamuno? ¿Cree en Dios? ¿Por qué? (1 punto)
Responda a estas cuestiones relativas al texto anterior:
B.1) Identifique el tema del texto. (1 punto)
B.2) ¿Qué argumentos aduce para creer o no creer en Dios? (1 punto)
Comente –razonadamente y empleando ejemplos– dos rasgos presentes en el texto que permitan justificar que pertenece a la producción ensayística de Miguel de Unamuno o a la generación del 98.
Solución
Se pide el tema del fragmento (el texto de Unamuno va entero en el enunciado).
Palabras clave: , que se define tres veces como buscar y luchar (primer párrafo); y (segundo); lo racional frente al afecto y el corazón (tercero); y el cierre: cree porque quiere que Dios exista, y «Es cosa de corazón».
La religión entendida como una lucha incesante y sin victoria posible con el misterio de Dios, que la razón no puede resolver y que solo el corazón y la voluntad de creer sostienen.
Se piden tres cosas: su posición religiosa, si cree en Dios y por qué.
Posición: no se adhiere a los dogmas de ninguna confesión, pero siente una fuerte tendencia al cristianismo por el afecto (tercer párrafo); rechaza tanto el agnosticismo, que da por incognoscible lo divino (primer párrafo), como el ateísmo, cuyos razonamientos le parecen superficiales (cuarto párrafo).
Si cree: sí, aunque con duda, pues matiza que «creo creer».
Por qué: porque quiere que Dios exista y porque se le revela por el corazón, en el Evangelio, en Cristo y en la Historia (último párrafo).
Unamuno se define como un buscador: su religión es luchar con Dios y con el misterio sin aceptar los límites que impone la razón. Se siente cercano al cristianismo por el sentimiento, pero sin someterse a los dogmas de ninguna Iglesia. Cree en Dios, o al menos cree creer, con una fe atravesada por la duda: la razón no le demuestra que Dios exista, pero tampoco que no exista. Cree, ante todo, porque necesita y quiere que Dios exista, y después porque lo siente revelado por vía cordial, en el Evangelio, en la figura de Cristo y en la Historia.
Es la misma pregunta que A.1): las palabras clave son como búsqueda y lucha (primer párrafo), la pelea sin esperanza de victoria (segundo), lo racional frente al corazón (tercero) y la voluntad de creer (cuarto).
La religión entendida como una lucha incesante y sin victoria posible con el misterio de Dios, que la razón no puede resolver y que solo el corazón y la voluntad de creer sostienen.
Se piden los argumentos que da el autor para creer y para no creer. Están en los dos últimos párrafos, y el segundo justifica que la lucha valga la pena.
Contra la certeza racional: nada religioso tiene resuelto por la razón, y solo lo racional se puede transmitir con lógica; nadie le ha convencido racionalmente de que Dios exista, pero tampoco de que no exista, y los argumentos de los ateos le parecen tan superficiales como los de sus rivales.
A favor de creer: su deseo (quiere que Dios exista) y una revelación cordial, por el Evangelio, por Cristo y por la Historia.
Unamuno no encuentra argumentos racionales concluyentes ni a favor ni en contra: la razón no le demuestra la existencia de Dios, pero tampoco su inexistencia, y los razonamientos de los ateos le parecen superficiales y fútiles. Sus argumentos para creer no son lógicos, sino del corazón y la voluntad: cree, o cree creer, porque quiere que Dios exista, y porque Dios se le revela por vía afectiva a través del Evangelio, de Cristo y de la Historia. Por eso su fe es una lucha permanente, que no espera la victoria, como el ideal de perfección del Evangelio, inalcanzable pero propuesto como meta.
Se piden dos rasgos del texto que lo sitúen en la ensayística de Unamuno o en la generación del 98, razonados y con ejemplos.
Rasgo 1: el tema religioso y existencial, tratado desde el yo, con tono de confesión: el conflicto entre la razón y la fe, que Unamuno llamó agonía.
Rasgo 2: un estilo personal, antirretórico y a la vez muy expresivo, basado en la paradoja, la antítesis, las repeticiones y el diálogo con el lector.
El primer rasgo es la temática religiosa y existencial, expuesta como una confesión personal. Unamuno no razona de forma objetiva, sino que habla en primera persona de su propia angustia: «Y yo responderé», «quiero trepar a lo inaccesible», «creo creer en Él». El problema es el que recorre toda su obra: la lucha entre la razón, que no puede demostrar a Dios, y la necesidad vital de creer, la agonía que desarrolla en (1913) y en (1925), y que da vida a (1931). Esa preocupación por el sentido de la existencia, junto con el subjetivismo, es propia de la generación del 98.
El segundo rasgo es un estilo antirretórico, que se burla de la jerga de los pedantes (el «inconocible»), pero muy intenso, construido con paradojas y antítesis: buscar «la verdad en la vida y la vida en la verdad», un quiasmo; pelear «sin cuidarme de la victoria»; «creo creer». Abundan las repeticiones enfáticas (la anáfora de «mi religión es») y el diálogo con un interlocutor imaginario («se me dirá...») y con el lector, al que interpela con preguntas retóricas sobre los ejércitos que marchan a una derrota segura. Las referencias bíblicas, como la lucha de Jacob con Dios o la cita del Evangelio, refuerzan el carácter de meditación religiosa del ensayo.
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