Lengua Castellana y Literatura II · Poesía desde 1939 · Asturias · 2026

Ejercicio resuelto de Lengua Castellana y Literatura II · 2026

TEXTO LITERARIO PARA COMENTAR

(Por derechos de autor, el poema no se reproduce en Hodeia: ÁNGEL GONZÁLEZ, Aˊspero mundo. Está en la página 2 del PDF oficial del examen.)

Pregunta 5. Comentario del poema «Para que yo me llame Aˊngel Gonzaˊlez», de Aˊngel Gonzaˊlez (2 puntos)

Opcioˊn A. Responda a estas cuestiones relativas al texto anterior:
A.1) Identifique el tema del poema. (1 punto)
A.2) Establezca las partes del poema según su contenido. (1 punto)
Opcioˊn B. Responda a estas cuestiones relativas al texto anterior:
B.1) Identifique el tema del poema. (1 punto)
B.2) ¿Cómo se expresa en el poema el sinsentido de la vida humana? (1 punto)

Pregunta 6. Cuestioˊn relativa al poema «Para que yo me llame Aˊngel Gonzaˊlez», de Aˊngel Gonzaˊlez. (2 puntos)

Comente —razonadamente y empleando ejemplos— dos rasgos presentes en el texto que permitan justificar que este poema pertenece a la producción poética de Ángel González o a la poesía de la generación de los 50.

Solución

A.1) Se pide el tema del poema (página 2 del PDF; los versos, como los numera el PDF, del 1 al 26).
Palabras clave: el nombre propio y el ser del primer verso; el espacio, el tiempo y las generaciones de cuerpos que se funden (versos 3-12); el resultado, el fruto y los restos (versos 17-18); el escombro que resiste sin llegar a ningún sitio y los fracasos (versos 21-25). El poeta se ve como el último eslabón de una larga cadena humana y su existencia como una lucha inútil contra la ruina.

Respuesta: El ser humano como resultado de una larga sucesión de generaciones y su existencia como una lucha tenaz, pero sin sentido, contra la destrucción y la muerte.


A.2) Se piden las partes del poema según su contenido. Los cortes coinciden con la sintaxis: los doce primeros versos forman una sola unidad (las condiciones necesarias para que el yo exista); en el 13 aparece el yo como resultado; y los dos puntos del verso 20 abren la definición final.

Respuesta: El poema tiene tres partes. En la primera (versos 1-12), el poeta explica que para que él exista con su nombre y su cuerpo han hecho falta un espacio inmenso, un tiempo larguísimo y la sucesión incesante de generaciones que se han ido fundiendo unas en otras. En la segunda (versos 13-20), presenta el resultado de ese largo y doloroso proceso: él mismo, reducido a lo poco que queda, a un resto. En la tercera (versos 21-26), define ese resto con metáforas y paradojas: un ser empeñado en no derrumbarse, que pelea sin llegar a ninguna parte, lo que expresa el sinsentido de la vida. La estructura va, por tanto, de lo general (la especie a lo largo de la historia) a lo particular (el yo).


B.1) Es la misma pregunta que A.1). Palabras clave: el yo y su nombre (verso 1), la sucesión de generaciones a través del espacio y del tiempo (versos 3-12), el yo como resultado y resto (versos 17-18) y la lucha inútil del final (versos 21-26).

Respuesta: El ser humano como resultado de una larga sucesión de generaciones y su existencia como una lucha tenaz, pero sin sentido, contra la destrucción y la muerte.


B.2) Se pide cómo se expresa en el poema el sinsentido de la vida. Hay que fijarse en las imágenes con que el poeta se define (versos 17-26) y en el contraste con la primera parte.
Contraste: la grandeza del proceso (un espacio ancho, un tiempo largo, un viaje milenario, versos 3-12) desemboca en un resultado mínimo y degradado (versos 17-20).
Metáforas: el yo es un escombro que no se resigna a derrumbarse (versos 21-22); la pelea con el viento y la marcha sin destino (versos 22-24) son imágenes de un esfuerzo inútil.
Paradojas: las dos frases nominales finales unen contrarios (versos 24-26).

Respuesta: El sinsentido se expresa, en primer lugar, por contraste: un proceso inmenso, que ha necesitado siglos de generaciones, produce solo un residuo, lo que queda «podrido» entre los restos (verso 18), y el poeta insiste en su pequeñez con expresiones restrictivas (no ser más que, tan solo). En segundo lugar, por metáforas de un esfuerzo inútil: es un «escombro tenaz» empeñado en no derrumbarse, que «lucha contra el viento» y cuyo camino no conduce «a ningún sitio» (versos 21-24). Por último, por paradojas: se define como «El éxito / de todos los fracasos» y como una fuerza «enloquecida» que nace del desaliento (versos 24-26). Los puntos suspensivos finales dejan la reflexión abierta, sin consuelo.


Pregunta 6 Se piden dos rasgos del poema que lo sitúen en la obra de Ángel González o en la generación de los 50, razonados y con ejemplos.
Rasgo 1: la poesía como indagación en la propia experiencia, aquí con el pesimismo existencial de su primer libro, Aˊspero mundo (1956). El poema parte del nombre propio del autor (verso 1) y de su cuerpo para meditar sobre la condición humana.
Rasgo 2: lenguaje claro y cercano, pero muy trabajado: paradojas, metáforas, anáforas, hipérbaton y una métrica libre de base clásica. Medida comprobada verso a verso: predominan los endecasílabos (versos 1, 2, 5-7, 9-14, 16-18 y 21-23), con heptasílabos (8, 15, 19, 24 y 26) y cuatro versos de otras medidas: el 3 (nueve sílabas con sinalefas), el 4 (cinco), el 20 (cuatro) y el 25 (doce). La rima es asonante en é-o en todos los versos pares, de suelo (verso 2) a desaliento (verso 26), y los impares quedan sueltos.

Respuesta: Un primer rasgo es la concepción de la poesía como conocimiento a partir de la experiencia personal, característica de la generación de los 50 (Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Claudio Rodríguez). Frente al «nosotros» de la poesía social, el poema arranca del yo concreto del autor, de su nombre y de su carne, para indagar en lo que es un ser humano: el fruto efímero de incontables generaciones. Esa indagación está teñida del pesimismo existencial y del sentimiento de derrota que dominan Aˊspero mundo (1956), el primer libro de González, y que reaparecen en títulos como Sin esperanza, con convencimiento (1961). El poeta incluso se dirige a sus lectores («esto que veis aquí», verso 19) para mostrarse como prueba de esa condición.

El segundo rasgo es el cuidado de la forma bajo una apariencia de sencillez: léxico común y tono de confidencia, pero con una elaboración retórica intensa. Hay anáforas y paralelismos (para que, en los versos 1 y 2; la serie de relativos de los versos 21-23), hipérbatos que adelantan las finales de los versos 1-2 y retrasan la oración principal hasta el verso 3, o que posponen el sujeto yo hasta el verso 17, metáforas como la del escombro y paradojas como la del éxito de los fracasos, en las que asoma la ironía tan propia del autor. La métrica es libre pero de raíz clásica: una silva arromanzada, con predominio de endecasílabos y heptasílabos y rima asonante en é-o en los versos pares.

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