Economía · La empresa: clasificación, objetivos y localización · Galicia · 2022
Ejercicio resuelto de Economía · 2022
PREGUNTA 2. Responda brevemente dos de los cuatro apartados siguientes: (1,25 puntos por apartado)
2.1. Explique la visión del empresario según la perspectiva de Galbraith.
2.2. Identifique dos factores determinantes de la productividad de una empresa y explique cómo influyen en la misma.
2.3. Explique dos factores o razones que pueden llevar a una empresa a convertirse en multinacional.
2.4. ¿En qué consiste la investigación de mercados? Mencione sus fases.
Solución
El examen pide dos de los cuatro apartados; aquí se resuelven los cuatro.
John Kenneth Galbraith parte de una constatación: en la gran empresa moderna la propiedad y la dirección se han separado. El capital está repartido entre miles de accionistas que no participan en la gestión, de modo que el poder ya no lo tiene el propietario, sino quien posee el conocimiento técnico necesario para dirigir una organización compleja.
Ese poder no reside tampoco en una sola persona, sino en lo que Galbraith llamó la tecnoestructura: el conjunto de directivos, ingenieros, economistas, juristas y demás especialistas que toman las decisiones de forma colegiada, cada uno aportando la información de su campo. El empresario deja de ser una figura individual y se convierte en un grupo.
De ahí se deriva la consecuencia más interesante de su análisis: los objetivos de la tecnoestructura no coinciden necesariamente con los de los accionistas. Estos quieren el máximo beneficio y dividendo; los directivos prefieren un beneficio suficiente que mantenga tranquilos a los propietarios y, sobre todo, el crecimiento, la estabilidad y la supervivencia de la empresa, porque de ella dependen su prestigio, su poder y su remuneración.
La inversión en bienes de capital y en tecnología es el factor con más peso. Sustituir maquinaria obsoleta por equipos modernos, automatizar procesos o digitalizar la gestión permite obtener más producto con la misma cantidad de trabajo, reduce los errores y los tiempos muertos y hace posible fabricar con menos desperdicio de materiales. Es, además, un factor acumulativo: la empresa que invierte gana margen y puede seguir invirtiendo.
La cualificación y la motivación del capital humano es el segundo. Un trabajador bien formado maneja mejor los equipos, se adapta antes a los cambios y comete menos fallos; y un trabajador motivado, con un puesto con contenido, reconocimiento y expectativas de promoción, se implica y aporta ideas de mejora. La formación continua y una política retributiva y de conciliación adecuada se traducen directamente en más producción por hora trabajada.
Podrían citarse también la organización del trabajo y la especialización, la calidad de la dirección, la investigación y el desarrollo, y las infraestructuras y el entorno en el que la empresa opera.
La búsqueda de nuevos mercados es la razón más frecuente. Cuando el mercado nacional está saturado y la demanda no crece, la única forma de seguir aumentando las ventas es salir fuera. Producir y vender en el país de destino permite además sortear los aranceles y las barreras comerciales, adaptar el producto a los gustos locales, acortar los plazos de entrega y diversificar el riesgo, ya que una crisis en un país se compensa con la buena marcha de otros.
La reducción de costes es la segunda gran razón. Instalar la producción en países con salarios más bajos, con energía o materias primas más baratas, con una fiscalidad más suave o con una legislación laboral y medioambiental menos exigente abarata el coste unitario y mejora la competitividad. También puede buscarse la proximidad a la materia prima para ahorrar transporte.
A ellas pueden añadirse el aprovechamiento de economías de escala al producir para un mercado mundial, la explotación internacional de una ventaja tecnológica o de marca antes de que sea imitada, y el acceso a incentivos y subvenciones ofrecidos por los gobiernos de acogida.
La investigación de mercados consiste en obtener, tratar y analizar de forma sistemática y objetiva la información sobre el mercado en el que la empresa opera o quiere operar, con el fin de reducir la incertidumbre y tomar mejores decisiones comerciales. Estudia a los consumidores y sus necesidades, a los competidores, a los proveedores y al entorno, y de ella depende que las decisiones sobre producto, precio, distribución y comunicación se apoyen en datos y no en intuiciones.
Sus fases son cinco. Primero, la definición del problema y de los objetivos de la investigación: decidir con precisión qué se quiere saber y para qué. Segundo, el diseño del plan de investigación, eligiendo el tipo de estudio, las fuentes de información —internas o externas, primarias o secundarias— y las técnicas que se emplearán. Tercero, la recogida de datos, mediante encuestas, entrevistas en profundidad, paneles, observación o experimentación. Cuarto, el análisis e interpretación de la información obtenida, con las herramientas estadísticas oportunas. Y quinto, la presentación de los resultados en un informe con conclusiones y recomendaciones concretas que sirvan para decidir.
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