Partimos de la concentración de amoniaco en el equilibrio, que es el dato que da el enunciado, y con ella montamos la tabla de moles. Llamamos
a los moles de nitrógeno que reaccionan.
| Moles | | | Iniciales | 0,03 | 0,04 | 0 Cambio | | | Equilibrio | 0,022875 | 0,018625 | 0,01425 |
|---|
Comprobamos que el hidrógeno no se agota, ya que es el reactivo limitante en potencia: quedan
moles. Como la temperatura es de
, la pasamos a kelvin antes de aplicar la ecuación de los gases ideales.
Las presiones parciales valen
,
y
atmósferas para nitrógeno, hidrógeno y amoniaco, y la presión total del recipiente es de
atmósferas.
Escribimos la constante en presiones tal como marca la estequiometría de la reacción, con los coeficientes como exponentes.
Para pasar a
usamos la relación entre ambas, con
igual a la variación del número de moles gaseosos.
Se comprueba directamente con las concentraciones del equilibrio,
. Las dos constantes valen
y
, y la enorme diferencia entre ellas se debe únicamente al factor
.
Aplicamos el principio de Le Châtelier: todo sistema en equilibrio reacciona a una perturbación desplazándose en el sentido que se opone a ella.
El enunciado indica que
, es decir, que la síntesis del amoniaco es exotérmica y desprende calor hacia el entorno. Enfriar el sistema equivale a retirarle calor, que en la reacción directa hace de producto.
Al disminuir la temperatura el equilibrio se desplaza hacia la derecha, favoreciendo la formación de amoniaco, y la constante
aumenta. En la industria esto choca con la cinética, porque a baja temperatura la reacción es muy lenta; por eso el proceso Haber-Bosch trabaja a temperaturas intermedias, con presión alta y catalizador de hierro.