La célula de partida es
con
, es decir, tiene dos cromosomas: una sola pareja de homólogos.
La mitosis da dos células hijas, y su rasgo esencial es que conserva la dotación: las dos son
cromosomas, genéticamente idénticas entre sí y a la célula madre.
Cada una de esas dos células sufre después una meiosis, que consta de dos divisiones sucesivas y produce cuatro células a partir de cada una. Como la meiosis es reduccional, esas células son haploides:
cromosoma.
En total se han producido, por tanto, ocho células haploides, cada una con un solo cromosoma, además de las dos células diploides intermedias que la mitosis originó y que desaparecen al dividirse.

Las diferencias entre ambas anafases son las siguientes.
En la anafase mitótica se separan las cromátidas hermanas de cada cromosoma. El centrómero se divide, y las fibras del huso, que llegaban a los dos cinetocoros desde polos opuestos, arrastran una cromátida hacia cada polo. Como las dos cromátidas son copias idénticas, las células hijas resultan genéticamente iguales, y como a cada polo llega una cromátida de cada cromosoma, la dotación se conserva:
.
En la anafase I de la meiosis no se separan las cromátidas, sino los cromosomas homólogos enteros, cada uno con sus dos cromátidas todavía unidas por el centrómero, que no se divide. A cada polo va un homólogo completo, uno de origen paterno y otro materno, y por eso la dotación se reduce a la mitad:
. Además, como la orientación de cada bivalente en la placa metafásica fue al azar y en la profase I hubo sobrecruzamiento, las células hijas son genéticamente distintas entre sí.
Dicho en una línea: en la mitosis viajan cromátidas y en la anafase I viajan cromosomas.