La presencia en las células eucariotas de orgánulos como mitocondrias y cloroplastos se explica según la teoría endosimbionte.
a) ¿Qué dice esta teoría? [0,4 puntos]
b) ¿Qué características comunes tienen estos dos orgánulos que avalan esta teoría? [0,6 puntos]
La teoría endosimbiótica, propuesta por Lynn Margulis en 1967, sostiene que las mitocondrias y los cloroplastos proceden de bacterias de vida libre que fueron englobadas por una célula eucariota primitiva y que, en lugar de ser digeridas, se conservaron en su interior como endosimbiontes.
Concretamente, las mitocondrias procederían de bacterias aerobias, semejantes a las actuales
-proteobacterias, y los cloroplastos de cianobacterias fotosintéticas.
La asociación resultó ventajosa para los dos: el huésped obtenía energía —o materia orgánica— y el endosimbionte, protección y nutrientes. Con el tiempo la relación se hizo obligada, el endosimbionte transfirió la mayor parte de sus genes al núcleo del huésped, perdió la capacidad de vivir por su cuenta y se convirtió en un orgánulo.
La teoría explica de un golpe el origen de la célula eucariota, y ha recibido una confirmación reciente con el descubrimiento del nitroplasto, un orgánulo fijador de nitrógeno de un alga que procede de una cianobacteria endosimbionte y que muestra el mismo proceso en curso.
Tienen doble membrana. La interna se parece en composición y permeabilidad a la membrana bacteriana y sería la del endosimbionte; la externa, semejante a las del sistema de endomembranas, procedería de la vesícula de fagocitosis del huésped.
Poseen ADN propio, circular, cerrado y sin histonas, exactamente como el cromosoma bacteriano, y en varias copias.
Tienen ribosomas de tipo
, iguales a los bacterianos y distintos de los
del citoplasma eucariota, y sintetizan una parte de sus propias proteínas.
Se dividen por bipartición, con independencia de la división de la célula que los alberga, y no pueden formarse de nuevo: proceden siempre de otro preexistente.
Son sensibles a antibióticos que actúan sobre bacterias, como el cloranfenicol, que inhibe sus ribosomas y no los del citoplasma.
Su tamaño es del orden del de una bacteria, entre uno y diez micrómetros.
Y, ya en el terreno molecular, las secuencias de su ARN ribosómico los emparentan con grupos bacterianos concretos, lo que constituye hoy la prueba más sólida.