Los tres términos designan la misma estructura a escalas distintas.
Una cisterna o sáculo es la unidad elemental: una vesícula aplanada, discoidal y ligeramente curvada, limitada por una membrana y de contenido propio, no comunicada con las cisternas vecinas.
Un dictiosoma es una pila de cuatro a ocho cisternas apiladas y ligeramente separadas entre sí, rodeada de numerosas vesículas. La pila está polarizada: tiene una cara cis o de formación, convexa y orientada hacia el retículo endoplasmático, por la que llegan las vesículas de transición, y una cara trans o de maduración, cóncava y orientada hacia la membrana plasmática, de la que se desprenden las vesículas de secreción.
El complejo o aparato de Golgi es el conjunto de todos los dictiosomas de una célula, que pueden ser desde uno solo hasta varios centenares según el tipo celular; en las células secretoras es especialmente abundante y está muy desarrollado.

Su función general es madurar, clasificar y distribuir las moléculas que le llegan del retículo endoplasmático, de modo que se comporta como el centro de expedición de la célula.
En concreto, completa la glucosilación de las proteínas iniciada en el retículo rugoso, y sintetiza glucolípidos y glucoproteínas; el material que forma el glucocálix de la membrana procede de él.
Clasifica y direcciona: en la cara trans, cada proteína recibe una señal —como la manosa-6-fosfato de las enzimas lisosómicas— y se empaqueta en la vesícula que la llevará a su destino, sea la membrana plasmática, el exterior o un lisosoma.
Forma los lisosomas primarios y las vesículas de secreción, y participa por tanto en la exocitosis y en la renovación de la membrana plasmática, cuyos componentes fabrica.
Y en las células vegetales sintetiza además los polisacáridos de la pared celular —pectinas y hemicelulosas— y forma el fragmoplasto que construye el tabique de separación durante la citocinesis.