La célula de partida tiene 44 autosomas más 2 cromosomas sexuales, es decir, 46 cromosomas en total, y es diploide:
. Es la dotación de la especie humana.
La meiosis consta de dos divisiones sucesivas con una sola replicación previa, así que de cada célula que entra salen cuatro células hijas. Esas cuatro son haploides, con la mitad de la dotación:
Cada célula hija tendrá, por tanto, 23 cromosomas: 22 autosomas y un cromosoma sexual. Además las cuatro son genéticamente distintas entre sí, por el sobrecruzamiento de la profase I y por la segregación independiente de los homólogos.
Las fases, en orden, son las siguientes. Primera división meiótica o reduccional: profase I —con sus cinco subfases: leptoteno, zigoteno, paquiteno, diploteno y diacinesis—, metafase I, anafase I y telofase I. Tras un breve intervalo sin replicación del ADN llega la segunda división meiótica o ecuacional: profase II, metafase II, anafase II y telofase II.
Durante la fase S, que es la fase de síntesis de la interfase, tiene lugar la replicación del ADN: cada molécula de ADN se duplica de forma semiconservativa, de modo que cada cromosoma pasa a estar formado por dos cromátidas hermanas idénticas unidas por el centrómero. También se sintetizan las histonas necesarias para empaquetar el ADN nuevo. Es importante notar que el número de cromosomas no cambia —siguen siendo 46 en el ejemplo anterior—, pero la cantidad de ADN se duplica.
La fase que precede a la fase S es la fase G1, la primera fase de crecimiento. En ella la célula recién dividida aumenta de tamaño, sintetiza proteínas y ARN y fabrica orgánulos; al final hay un punto de control que decide si la célula sigue adelante y replica su ADN o si sale del ciclo hacia el estado de reposo G0.
El ciclo completo es, por tanto, G1, S y G2 —las tres fases de la interfase— y después la fase M, con la mitosis y la citocinesis.