Biología · Inmunología · Castilla y León · 2021

Ejercicio resuelto de Inmunología · Biología · 2021

a) Explica qué es la inmunodeficiencia. Indica a qué tipo de inmunodeficiencia corresponde el sida. (0.8)

b) Define barrera primaria y secundaria en inmunidad. Pon dos ejemplos de cada una. (1.2)

Solución

a) Explica queˊ es la inmunodeficiencia. Indica a queˊ tipo de inmunodeficiencia corresponde el sida. (0.8)\textbf{a) Explica qué es la inmunodeficiencia. Indica a qué tipo de inmunodeficiencia corresponde el sida. (0.8)}

Una inmunodeficiencia es una alteración del sistema inmunitario que consiste en el fallo o la ausencia de alguno de sus componentes, de modo que la respuesta defensiva es insuficiente. El resultado es una vulnerabilidad anormal frente a las infecciones: el enfermo sufre infecciones repetidas, graves y a menudo causadas por microorganismos oportunistas, que no afectarían a una persona sana, y tiene además mayor riesgo de desarrollar tumores.

Se distinguen dos tipos. Las inmunodeficiencias congénitas o primarias, de origen genético, están presentes desde el nacimiento y se deben a la falta de un tipo celular o de una molécula del sistema; un ejemplo es la agammaglobulinemia. Las adquiridas o secundarias aparecen a lo largo de la vida a causa de un agente externo: una infección, la desnutrición, la radioterapia o los fármacos inmunosupresores.

El sida, síndrome de inmunodeficiencia adquirida, corresponde al segundo tipo: es una inmunodeficiencia adquirida o secundaria. La causa el virus VIH, que infecta y destruye precisamente los linfocitos T colaboradores, que son los que coordinan la respuesta específica; al desaparecer, tanto la respuesta humoral como la celular se desmoronan.

b) Define barrera primaria y secundaria en inmunidad. Pon dos ejemplos de cada una. (1.2)\textbf{b) Define barrera primaria y secundaria en inmunidad. Pon dos ejemplos de cada una. (1.2)}

Las barreras primarias o externas son el conjunto de defensas que impiden la entrada del patógeno en el organismo. Constituyen la primera línea de la inmunidad innata: actúan de forma inmediata, son iguales frente a cualquier agente y no generan memoria. Dos ejemplos: la piel, cuyo epitelio queratinizado y continuo resulta infranqueable mientras esté íntegro, y a la que se suma la acidez del sudor y del sebo; y las mucosas de las vías respiratorias, digestivas y urogenitales, que atrapan los microorganismos en su moco y los expulsan con el batido de los cilios. También valen las secreciones antimicrobianas, como la lisozima de la saliva y las lágrimas o el ácido clorhídrico del estómago, y la microbiota normal, que ocupa el terreno e impide que los patógenos se instalen.

Las barreras secundarias o internas actúan cuando el patógeno ya ha conseguido entrar. Siguen siendo inespecíficas y sin memoria, pero operan dentro del organismo. Dos ejemplos: las células fagocíticas —macrófagos, monocitos y neutrófilos—, que engloban y digieren al invasor; y las proteínas antimicrobianas, como las del sistema del complemento, que se activan en cascada y lisan al patógeno, o el interferón, que protege a las células vecinas frente a los virus. También pertenecen a este grupo las células natural killer, que destruyen células infectadas o tumorales, y la reacción inflamatoria y la fiebre.

Si estas dos líneas no bastan, entra en juego la respuesta específica o adaptativa, con los linfocitos B y T, que sí es específica y sí deja memoria.

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