La imagen A muestra bacterias, en concreto dos bacilos con apéndices en su superficie. La escala de una micra confirma su tamaño. Su estructura celular es procariota: carecen de núcleo —su material genético es una única molécula de DNA circular y desnuda dispersa en el nucleoide— y de orgánulos membranosos. Poseen membrana plasmática, pared celular de peptidoglucano, ribosomas
y, con frecuencia, cápsula, plásmidos, flagelos y fimbrias como las que se aprecian en la fotografía.
La imagen B muestra un protozoo, un ciliado del tipo del paramecio, con una escala de cinco micras. Su estructura celular es eucariota: unicelular, con núcleo verdadero delimitado por una envoltura, orgánulos membranosos —mitocondrias, retículo, aparato de Golgi, vacuolas digestivas y pulsátiles— y ribosomas
. Carece de pared celular, lo que le permite deformarse, y se desplaza mediante los cilios que cubren su superficie. Es heterótrofo.
La imagen C muestra un hongo filamentoso o moho, con la escala en cincuenta micras: se distinguen las hifas que forman el micelio y, en el extremo de una de ellas, un esporangio con las esporas. Su estructura celular es eucariota, con núcleo y orgánulos membranosos, y con pared celular de quitina —no de celulosa, como los vegetales—. Es pluricelular o cenocítico, heterótrofo por absorción, y carece de cloroplastos.
La comparación de las tres escalas es reveladora: la bacteria mide alrededor de una micra, el protozoo unas decenas y el micelio del hongo cientos. Y la división de fondo entre ellas no es de tamaño sino de organización: A es procariota y B y C son eucariotas.