Comparten todo lo que define a una célula, que es precisamente el fundamento de la teoría celular y el argumento más sólido a favor del origen común de los seres vivos.
En cuanto a la envoltura, ambas están delimitadas por una membrana plasmática con la misma organización: una bicapa de fosfolípidos con proteínas engarzadas, según el modelo del mosaico fluido, que aísla el interior del exterior y regula selectivamente el intercambio de sustancias.
En cuanto al contenido, ambas tienen citoplasma con citosol, un medio acuoso coloidal en el que están disueltas las enzimas y donde transcurre buena parte del metabolismo, entre otras la glucólisis, que es común a las dos.
En cuanto a la maquinaria de expresión, ambas poseen ribosomas —
en la procariota,
en el citosol de la eucariota—, y en ambos casos son el orgánulo encargado de la síntesis de proteínas.
En cuanto a la información, ambas tienen su material genético en forma de DNA de doble hélice, que se replica de manera semiconservativa, se transcribe a RNA y se traduce a proteínas empleando el mismo código genético, prácticamente universal.
Y en cuanto a la fisiología, las dos realizan las tres funciones vitales —nutrición, relación y reproducción—, obtienen energía en forma de ATP y se dividen originando células hijas.
Muchas de ellas poseen además pared celular, aunque de composición distinta: peptidoglucano en las bacterias, celulosa en los vegetales y quitina en los hongos.