Biología · Inmunización y vacunas · Navarra · 2023
Ejercicio resuelto de Inmunización y vacunas · Biología · 2023
Las vacunas de ARNm contra el COVID-19 usan el mecanismo celular para producir una porción inocua de la proteína S que está presente en la superficie del virus.
a) Explica cómo reacciona el cuerpo frente a la proteína S producida por la vacunación.
b) Indica qué ocurre con el fragmento de ARNm en el periodo posterior a la vacunación.
Solución
El mRNA de la vacuna entra en las células, sobre todo en las del músculo y en las células presentadoras de antígeno de la zona, y sus ribosomas lo traducen fabricando la proteína S, que se expone en la superficie celular.
El sistema inmunitario reconoce esa proteína como un antígeno extraño y desencadena una respuesta específica completa, exactamente igual que si se tratara del virus.
Por la vía humoral, las células presentadoras muestran fragmentos de la proteína S a los linfocitos T colaboradores; estos activan a los linfocitos B que la han reconocido, que proliferan y se diferencian en células plasmáticas productoras de anticuerpos anti-S. Esos anticuerpos son neutralizantes: al unirse a la espícula impiden que el virus se acople a su receptor y entre en la célula.
Por la vía celular, los linfocitos T citotóxicos aprenden a reconocer y destruir las células que exhiban esa proteína, es decir, las que en el futuro estén realmente infectadas.
Y de ambas vías quedan linfocitos B y T de memoria. Esa es la clave de la vacunación: cuando la persona se encuentre con el virus verdadero, la respuesta será secundaria —rápida e intensa— y lo neutralizará antes de que la enfermedad se desarrolle. Se trata, por tanto, de una inmunización artificial activa.
Se degrada. El mRNA es una molécula intrínsecamente inestable y las ribonucleasas del citoplasma lo destruyen en cuestión de horas o pocos días, una vez que ha servido de molde para sintetizar la proteína S; sus nucleótidos se reciclan como los de cualquier otro RNA celular.
Conviene precisar dos cosas que suelen confundirse. La primera es que ese mRNA no entra en el núcleo ni se integra en el DNA de la persona vacunada: el paso de RNA a DNA exigiría una transcriptasa inversa, enzima que las células humanas no poseen y que la vacuna no aporta. La segunda es que la proteína S producida también se degrada en pocos días.
Lo único que permanece, por tanto, no es la vacuna, sino sus efectos: los anticuerpos y, sobre todo, los linfocitos de memoria, que pueden persistir durante años.
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