Las tres son glúcidos, y se diferencian por el número de unidades que las componen y por la función que desempeñan en la planta, tal como refleja el esquema.
Las hexosas son monosacáridos de seis carbonos, como la glucosa y la fructosa. Son las moléculas que se obtienen directamente de la fijación del
y las que la célula utiliza como combustible inmediato; por eso en el esquema aparecen en el centro, tanto de día como de noche.
La sacarosa es un disacárido formado por una glucosa y una fructosa unidas por enlace
entre sus carbonos anoméricos, lo que la hace no reductora. Es soluble y químicamente poco reactiva, y esas dos propiedades son las que la convierten en la forma de transporte de los glúcidos por el floema: en el esquema es la que sale del sistema hacia el crecimiento de la planta.
El almidón es un polisacárido formado por miles de glucosas unidas por enlaces
, con ramificaciones
en la amilopectina. Es insoluble, de modo que puede acumularse sin alterar la presión osmótica de la célula: es la forma de reserva, y en el esquema es el depósito que la planta fabrica de día y consume de noche.
Los dos procesos son la fotosíntesis y la respiración celular.
La fotosíntesis se localiza en el cloroplasto: la fase luminosa en la membrana de los tilacoides y el ciclo de Calvin en el estroma. Solo puede realizarse de día, porque necesita la luz, y es la que en el esquema fija el
y produce las hexosas que se almacenan como almidón.
La respiración celular comienza con la glucólisis en el citosol y continúa en la mitocondria, con el ciclo de Krebs en la matriz y la cadena transportadora en la membrana interna. Se realiza durante todo el día, de día y de noche, porque la planta necesita ATP constantemente; por eso en el esquema es de noche cuando, degradado el almidón, las hexosas se oxidan y se desprende
.
La clave que ilustra la figura es que de día la fotosíntesis supera con mucho a la respiración, de modo que el balance neto es de fijación de
, mientras que de noche solo hay respiración y el balance es de emisión.
Sin luz cesa la fase luminosa y, al agotarse el ATP y el NADPH, se detiene también el ciclo de Calvin: la planta deja de fabricar materia orgánica. La respiración celular, en cambio, continúa sin interrupción.
Al invertirse el balance, la planta consume sus reservas: primero el almidón acumulado en las hojas, después el de los órganos de reserva, y cuando estos se agotan degrada sus propios lípidos y proteínas estructurales. El crecimiento se detiene, porque el flujo de sacarosa que lo alimentaba desaparece.
Al mismo tiempo, sin luz no se sintetiza clorofila y la existente se degrada, de modo que las hojas amarillean: es la clorosis o etiolación, acompañada de tallos alargados, delgados y pálidos, porque la planta crece buscando la luz.
Al cabo de una semana la planta estará debilitada y clorótica, y si la oscuridad se prolongase hasta agotar las reservas acabaría muriendo. La duración exacta depende de la especie y de la cantidad de reservas acumuladas.