La expresión génica es el conjunto de procesos por los que la información contenida en un gen se utiliza para sintetizar un producto funcional, normalmente una proteína.
Comprende la transcripción, en la que a partir de la hebra molde de DNA se sintetiza una molécula de RNA mensajero (que en eucariotas debe madurar), y la traducción, en la que los ribosomas leen ese mensajero codón a codón y ensamblan la cadena polipeptídica correspondiente.
Todas las células de un organismo pluricelular tienen el mismo genoma, pero no expresan los mismos genes ni en la misma cantidad. La regulación de la expresión génica es lo que permite que cada tipo celular fabrique solo las proteínas que necesita y en el momento en que las necesita.
Gracias a ella se produce la diferenciación celular durante el desarrollo, se ahorra energía al no sintetizar proteínas innecesarias y la célula puede responder a los cambios del ambiente activando o silenciando genes concretos. Su fallo tiene consecuencias graves: buena parte de los procesos tumorales se debe a una regulación defectuosa de genes que controlan la división celular.
Sí que le afecta. La secuencia de nucleótidos de los genes no cambia con el estilo de vida, pero sí cambia el grado en que esos genes se expresan, a través de modificaciones epigenéticas como la metilación del DNA y la acetilación de las histonas, que hacen la cromatina más o menos accesible a la maquinaria de transcripción.
La alimentación, el ejercicio físico, el estrés, el tabaco o la exposición a contaminantes modifican ese patrón epigenético y, con él, el conjunto de proteínas que la célula fabrica. Es la explicación de que dos gemelos univitelinos, genéticamente idénticos, presenten diferencias fenotípicas crecientes a lo largo de la vida.
Una mutación es un cambio en el material genético que se transmite a las células hijas. Pueden ser génicas (afectan a la secuencia de nucleótidos de un gen), cromosómicas (afectan a la estructura de un cromosoma) o genómicas (afectan al número de cromosomas).
No puede afirmarse que sean beneficiosas o perjudiciales en general: su efecto depende de dónde se produzcan y del ambiente. Muchas son neutras, porque caen en zonas no codificantes o no cambian el aminoácido gracias a la degeneración del código genético; otras son perjudiciales, y son el origen de las enfermedades genéticas y de buena parte de los cánceres; y unas pocas resultan ventajosas en un ambiente concreto.
Estas últimas son, precisamente, la fuente primaria de variabilidad genética sobre la que actúa la selección natural, de modo que sin mutaciones no habría evolución.