En todos los casos se llenan los orbitales por orden creciente de energía y se reparte la última subcapa según la regla de Hund, que exige ocupar orbitales distintos con espines paralelos antes de emparejar.
La subcapa
tiene tres orbitales y dos electrones, que se colocan en orbitales distintos con espines paralelos:
Hay que cuidar dos cosas aquí. La primera es que el cobre neutro es una de las anomalías del bloque
: su configuración real es
y no
, porque la subcapa
llena es especialmente estable. La segunda es que el electrón que se pierde al formar el catión es el de la
, que es el más externo. El resultado es una subcapa
completa:
Otra anomalía del bloque
: el orden de llenado predeciría
, pero un electrón se promueve a la
para dejarla
, situación de gran estabilidad. Los cinco electrones
ocupan los cinco orbitales con espines paralelos, y queda además el
:
Es el máximo número de electrones desapareados de todo el cuarto periodo, y por eso el cromo tiene un comportamiento magnético tan marcado.
La subcapa
tiene cinco electrones en tres orbitales: dos quedan completos y en el tercero solo cabe uno sin pareja:
Es justamente el electrón que le falta para el octeto, y de ahí que el bromo forme con tanta facilidad el anión
.
Lo que hay que comparar son las fuerzas intermoleculares de las dos sustancias, y aquí hay dos factores que apuntan en sentidos contrarios.
El
es una molécula diatómica homonuclear: los dos átomos son iguales, la diferencia de electronegatividad es nula y la molécula es
. El
, en cambio, tiene un enlace polar:
y al ser una molécula lineal de dos átomos, ese momento no se cancela con nada: el
es
y sus moléculas se atraen además por interacción
. Este factor favorece al
.
Están presentes en las dos sustancias y crecen con la polarizabilidad, es decir, con el número de electrones y el tamaño de la molécula. Y aquí la diferencia es enorme: el bromo tiene 70 electrones y una masa molar de 159,8
, frente a los 18 electrones y 36,5
del cloruro de hidrógeno. Los electrones externos del bromo, muy alejados del núcleo, hacen su nube extraordinariamente deformable. Este factor favorece al
, y con mucho.
El segundo. Una diferencia de polarizabilidad tan grande pesa mucho más que un momento dipolar modesto como el del
(
, muy lejos del 1,4 del agua, y sin capacidad de formar enlaces de hidrógeno, porque el cloro es demasiado grande y poco electronegativo para ello). En consecuencia, es el
el que tiene la temperatura de ebullición
: 58,8 °C, frente a
°C del cloruro de hidrógeno. Ese contraste es precisamente el que explica que a temperatura ambiente el bromo sea líquido y el cloruro de hidrógeno, un gas.
Conviene advertir de una incoherencia en los datos del enunciado: el valor de 108,6 °C que atribuye al
no corresponde a esa sustancia, cuya temperatura de ebullición aceptada es
°C (y su punto de fusión,
°C). Tomado al pie de la letra, el dato invertiría el orden real. El razonamiento anterior es el que pide el apartado y conduce al orden correcto.